12 Abril 2009
Este artículo es el cuarto de una serie de crítica a las los prejuicios de las diversas orientaciones sexuales. He tenido bastante abandonado este blog, pero me propongo finalizar la serie. Después de haber tratado de la heterosexualidad y de la homosexualidad, vamos a considerar la bisexualidad.
Si la homosexualidad llevaba el aura de alternativa a la heterosexualidad, con su dicotomía implícita, la bisexualidad también parece (entre quienes la reconocen) agotar la diversidad. En términos de dialéctica, la heterosexualidad es la tesis, la homosexualidad la antítesis, y la bisexualidad la síntesis. Desde Kinsey se concive la bisexualidad como un espectro en uno de cuyos extremos estaría la heterosexualidad y en el otro la homosexualidad. Esta imagen de completitud hace olvidar que la bisexualidad no agota la variedad de la sexualidad humana.
Vayamos a la fuente, el informe Kinsey sobre el varón. La idea del espectro ya está ahí; la escala de siete grados del 0 al 6 la introduce como un discretización que resulte operativa. Podía haber hecho una escala decimal o centesimal, pero hizo una más manejable. Todavía surgen discusiones sobre la bisexualidad debidas a la vaguedad de su definición que se podrían zanjar diciendo si por bisexualidad entendemos sólo el grado 3 de Kinsey, el intervalo 2-4 (que es la que suelo preferir) o el intervalo 1-5.
La posición en el espectro bisexual la determina la proporción entre la componente heterosexual y la componente homosexual. Graduando de 0 a 6 sería algo así como
. ¿Y qué ocurre cuando ambas componentes (heterosexual y homosexual) son nulas? Indeterminación
. Parece ser que Kinsey añadió una octava clasificación a su escala, el grado X, para tratar este caso. Aunque promete varias veces una explicación del grado X, solamente lo etiqueta como “no sociosexual”. El grado X es el mayoritario en los primeros años de vida y cae rápidamente en la pubertad, pero nunca llega a desaparecer.
La existencia del grado X en todas las edades no es el único desafío a la completitud del espectro bisexual. Antes hemos pasado por alto qué se mide para determinar la componentes heterosexual y homosexual. ¿Contamos las relaciones sexuales consumadas? ¿Contamos las relaciones sexuales deseadas? ¿Contamos fantasías sexuales? ¿Contamos enamoramientos? Cada uno de estos criterios da lugar a resultados diferentes, y es lo que recoge la tabla de Klein.
Todo esto indica que el especto unidimensional, que respresenta un gran avance con respecto a las categorías cerradas como heterosexual y homosexual, no resulta en absoluto completo.
3 comentarios |
Serie 1 | Etiquetado: bisexualidad, especto, Kinsey, Klein |
Permalink
Escrito por Isaac
2 Enero 2009
Este artículo es el tercero de una serie de crítica a las los prejuicios de las diversas orientaciones sexuales. No he actualizado este blog tanto como hubiera querido, pues ya debería haber finalizado la serie. Después de haberme despachado con la más visible, le toca el turno a la segunda en visibilidad: la homosexualidad.
La palabra “alternativa” es bastante peligrosa: lleva el aura de romper el monopolio, pero encierra la trampa sibilina de una dicotomía. Este truco es explotado por los anunciantes de telefonía: la compañía azul pierde el monopolio y la compañía roja se presenta como “la alternativa en telefonía”, invisibilizando así a la compañía verde y a los otros competidores menores. Como ya hemos discutido respecto a “lo natural” y “lo normal”, la trampa está en el inocente artículo definido: no es lo mismo “la alternativa” que “una alternativa”.
Consciente o inconscientemente se presenta la homosexualidad como la alternativa a la heterosexualidad. Al menos desde la población general, no se hace esta presentación como modo de escape al ominoso yugo de la norma heterosexual, sino como una alternativa desagradable, estigmatizada y marginada de la que se espera que se abrace o se evite por completo, sin medias tintas. Su forma más inocente es preguntar “¿entonces eres gay?” a quien se aparta de la norma en algo, aunque se ajuste a ella en todo lo demás. Resulta una buena estrategia de control en un país donde la ideología y los yogures se venden en packs inseparables, pero choca con la realidad y por eso precisa filas cerradas para sostenerse.
La mayoría lo hace de buena fe, pero la educación pesa mucho y sólo la homosexualidad ha conseguido abrirse un espacio de visibilidad. De hecho, ya se ha avanzado mucho. Han caído muchos de los prejuicios, pero se han asentado otros. Lo más triste no es la visión dicotómica del vulgo, sino la presentada por los propios homosexuales. Puede responder a motivaciones defensivas, pero choca con la diversidad de la realidad y consigue una segunda marginación de aquéllos que se salen de la dicotomía. La pinza, como en política. En el fútbol, paradójicamente, los españoles son más tolerantes que en política o en sexualidad: aunque se suele preguntar “¿eres del Madrid o del Barça?”, está bien visto seguir a un equipo más pequeño.
El pack del imaginario popular incluye homosexualidad, pluma y sodomía bajo el rótulo de “maricón”, relegando el lesbianismo a la invisibilidad. Pues no sólo existen las lesbianas, aunque haya gente que necesite que se lo recuerden, sino también los bisexuales. Sobre esta orientación escribiré la quinta entrega, pero conviene recordar que la diversidad no se agota con ella.
Deja un Comentario » |
Serie 1 | Etiquetado: alternativa, homosexualidad, la pinza, pack, prejuicios, visibilidad |
Permalink
Escrito por Isaac
29 Noviembre 2008
Este artículo es el segundo de una serie de crítica a las los prejuicios de las diversas orientaciones sexuales. En la entrada anterior comenzamos una crítica a las los prejuicios que suelen mantener desde la orientación sexual más visible de todas: la heterosexualidad. Allí nos centramos en los aspectos naturales, dejando de lado lo social, asunto que trataremos en esta entrada.
Cuando decimos que la heterosexualidad es “lo normal”, hay una que tener claro a qué acepción de la palabra “normal” nos estamos refiriendo. Según el DRAE hay tres acepciones aplicables, que van en arbitrariedad creciente. La primera acepción es “que se halla en su estado natural”. Aplicado a la heterosexualidad, ya discutimos en la entrada anterior que es natural, pero no en exclusividad. La tercera acepción es “que se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano”. Esta acepción sería totalmente adecuada, pero resulta claro por el contexto que no es a ella a la que se alude cuando se afirma que la heterosexualidad es “lo normal”. Esta última acepción es la que se utiliza en las ciencias y en las ingenierías cuando se escoge, por comodidad y sin pérdida de generalidad, una forma normal para estudiar y tabular. Así pues, la acepción que utilizamos es la segunda: que sirve de norma o regla. No es algo que venga por naturaleza, sino algo arbitrario, con mejor o peor motivación. Pero no es algo arbitrario que se toma como referencia sin pérdida de generalidad, sino una regla que se impone para ser cumplida.
Cuando decimos que la heterosexualidad es “lo normal” estamos afirmado que la heterosexualidad es la sexualidad normativa, pero esto no es del todo exacto. En la sociedad actual, la sexualidad normativa es heterosexual, pero no toda la sexualidad heterosexual es normativa. La norma es mucho más restringida, e identificarla con la heterosexualidad es un error en el que se cae cuando lo que se quiere es cerrar filas contra las “desviaciones” homosexuales, pero hay también “desviaciones” heterosexuales, como la paidofilia heterosexual. Mientras que la heterosexualidad es un concepto atemporal, la norma evoluciona con el tiempo. Aunque en la actualidad la sexualidad normativa es un subconjunto de la heterosexualidad, no fue así en la Antigüedad, donde ciertas prácticas homosexuales estaban aceptadas como norma.
Seguir la normalidad reporta numerosas ventajas. Se goza de prestigio y apoyo social. Las fórmulas e instituciones están diseñadas para adaptarse a ella. Pero seguir la norma por ser norma no debe ser motivo de orgullo. La norma queda justificada por la fuente de la que emana, de ahí la justificación de la heterosexualidad como natural. Ser heterosexual no me parece ningún motivo de orgullo por ser normal. Si la heterosexualidad estuviera fuera de la norma, sin entrar a considerar los medios reproductivos de una sociedad tal, ¿sería entonces la heterosexualidad motivo de vergüenza? Creo que deberíamos decir: No soy hetero porque sea lo normal. Soy hetero y esto está dentro de la normalidad.
Con esta entrada dejamos la heterosexualidad. Continuaremos con las demás orientaciones sexuales por orden de visibilidad.
Deja un Comentario » |
Serie 1 | Etiquetado: heterosexualidad, lo normal, normalidad |
Permalink
Escrito por Isaac
19 Noviembre 2008
Este artículo es el primero de la serie que anunciamos ayer de crítica a las los prejuicios de las diversas orientaciones sexuales. Empezaremos por la más visible de todas: la heterosexualidad.
Cuando decimos que la heterosexualidad es “lo natural”, hay una serie de suposiciones implícitas que conviene poner en claro.
- Nuestra especie se reproduce de manera exclusivamente sexual.
Como la clonación humana es ciencia ficción aún, el enunciado es correcto, pero debemos recordar que la reproducción asexual es la manera “más natural” de reproducirse, y la reproducción sexual es un artificio, aunque merece el calificativo de “natural” por haberlo desarrollado la propia naturaleza. Debemos recordar también que hay especies de reproducción sexual que también se puede reproducir asexualmente.
- Nuestros gametos están diferenciados en dos sexos, y sólo se unen dos de sexo opuesto.
Nada se opone a que pudiera haber múltiples sexos, en cuyo caso habría una tabla de afinidades más complicada. Si hay dos sexos debe ser una solución económicamente eficiente, ganadora en el implacable proceso de concurrencia competitiva de la selección natural.
- Los individuos de nuestra especie estamos diferenciados en dos sexos según los gametos que estamos preparados para producir.
Al igual que en la observación anterior, la diferenciación en sexos de los individuos es la fórmula ganadora de un proceso selectivo, pero en otra especies ha ganado el hermafroditismo. Además, debemos notar que este proceso de diferenciación sexual no es perfecto, existiendo casos de aneuploidía, de cromosoma Y latente, etcétera.
- Nuestra especie requiere fecundación interna.
La técnica ya lo ha superado, pero podemos conceder que la cópula es necesaria, aunque no imprescindible, para la reproducción.
Las suposiciones anteriores son necesarias para poder plantear la heterosexualidad, pero no inclinan la balanza a favor ni en contra de su condición de “natural”. Ahora bien, cuando decimos que la heterosexualidad es “lo natural”, hay otra serie de suposiciones implícitas de contenido, bastante más dudoso, que discutiré a continuación.
- La atracción sexual eficaz está dirigida hacia el sexo opuesto.
La atracción sexual sólo es eficaz si está dirigida hacia la propia espacie, pues los híbridos suelen ser estériles. La atracción sexual eficaz no está dirigida a toda la otra mitad de la población, que es el sexo opuesto, sino a segmentos más restringidos.
- La atracción sexual desviada es una anomalía que la propia naturaleza elimina.
Muchas especies presentan comportamientos homosexuales, siendo la tasa de homosexualidad un parámetro de la especie.
- La reproducción sexual es una cuestión de individuos.
La reproducción sexual se una cuestión de grupos, al menos en el caso humano. Puede ser beneficioso que algunos individuos no se reproduzcan y dediquen estas energías a otros menesteres. Si es evolutivamente ventajoso, y viaja en un gen recesivo, se transmitirá. De todas las abejas, sólo la reina tiene instinto y capacidad sexuales, las obreras son asexuales.
Llegamos a una cuestión de lenguaje. No cabe duda de que la heterosexualidad es natural, pero decir que es “lo natural” es algo mucho más fuerte. Aunque parezca una modificación inocua del enunciado anterior, añade una presunción de exclusividad. De entre las distintitas acepciones de natural que admite el DRAE, la única que en la que la heterosexualidad goza de exclusividad es la siguiente: regular y que comúnmente sucede, y, por eso, fácilmente creíble. Esta definición alude a la sociedad, no a la naturaleza, y es obvio que no es la que utilizamos al decir que la heterosexualidad es “lo natural”.
Así pues, la heterosexualidad es natural, y puede ser lo más natural, pero no es lo único natural.
Deja un Comentario » |
Serie 1 | Etiquetado: heterosexualidad, lo natural, naturaleza, reproducción, Serie 1 |
Permalink
Escrito por Isaac