Homosexualidad ¿la alternativa?

Este artículo es el tercero de una serie de crítica a las los prejuicios de las diversas orientaciones sexuales. No he actualizado este blog tanto como hubiera querido, pues ya debería haber finalizado la serie. Después de haberme despachado con la más visible, le toca el turno a la segunda en visibilidad: la homosexualidad.

La palabra “alternativa” es bastante peligrosa: lleva el aura de romper el monopolio, pero encierra la trampa sibilina de una dicotomía. Este truco es explotado por los anunciantes de telefonía: la compañía azul pierde el monopolio y la compañía roja se presenta como “la alternativa en telefonía”, invisibilizando así a la compañía verde y a los otros competidores menores. Como ya hemos discutido respecto a “lo natural” y “lo normal”, la trampa está en el inocente artículo definido: no es lo mismo “la alternativa” que “una alternativa”.

Consciente o inconscientemente se presenta la homosexualidad como la alternativa a la heterosexualidad. Al menos desde la población general, no se hace esta presentación como modo de escape al ominoso yugo de la norma heterosexual, sino como una alternativa desagradable, estigmatizada y marginada de la que se espera que se abrace o se evite por completo, sin medias tintas. Su forma más inocente es preguntar “¿entonces eres gay?” a quien se aparta de la norma en algo, aunque se ajuste a ella en todo lo demás. Resulta una buena estrategia de control en un país donde la ideología y los yogures se venden en packs inseparables, pero choca con la realidad y por eso precisa filas cerradas para sostenerse.

La mayoría lo hace de buena fe, pero la educación pesa mucho y sólo la homosexualidad ha conseguido abrirse un espacio de visibilidad. De hecho, ya se ha avanzado mucho. Han caído muchos de los prejuicios, pero se han asentado otros. Lo más triste no es la visión dicotómica del vulgo, sino la presentada por los propios homosexuales. Puede responder a motivaciones defensivas, pero choca con la diversidad de la realidad y consigue una segunda marginación de aquéllos que se salen de la dicotomía. La pinza, como en política. En el fútbol, paradójicamente, los españoles son más tolerantes que en política o en sexualidad: aunque se suele preguntar “¿eres del Madrid o del Barça?”, está bien visto seguir a un equipo más pequeño.

El pack del imaginario popular incluye homosexualidad, pluma y sodomía bajo el rótulo de “maricón”, relegando el lesbianismo a la invisibilidad. Pues no sólo existen las lesbianas, aunque haya gente que necesite que se lo recuerden, sino también los bisexuales. Sobre esta orientación escribiré la quinta entrega, pero conviene recordar que la diversidad no se agota con ella.

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One Response to Homosexualidad ¿la alternativa?

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