Sobre la definición de orientación sexual (Segunda parte)

En la anterior entrada discutí la siguiente definición de orientación sexual de la American Psychological Association (2012):

La orientación sexual se refiere a un patrón perdurable de atracciones emocionales, románticas y/o sexuales hacia hombres, mujeres o ambos sexos. La orientación sexual también se refiere al sentido de identidad de cada persona basada en dichas atracciones, las conductas relacionadas y la pertenencia a una comunidad de otros que comparten esas atracciones.

En esa entrada descartamos la coletilla que añade la identidad, la conducta y la comunidad, cosas claramente distintas, así como las atracciones emocional y romántica, que son independientes de la sexual, quedándonos con la definición de Bailey et al. (2016):

La orientación sexual se refiere a la atracción sexual relativa hacia varones, mujeres o ambos.

Esta definición es ya más concreta, suponiendo bien definida la atracción sexual, pero sigue presentando problemas. Por ejemplo, tal como está definida y aunque se suponga lo contrario, no todo el mundo tendría una orientación sexual. No sólo tenemos a la gente cuya atracción sexual está dirigida exclusivamente a objetos que la clasificarían como parafilia, sino que también está la gente que no experimenta atracción sexual, es decir, los asexuales. Se les puede dejar fuera de la escala, como hizo Kinsey, pero hay que considerarlos porque existen y, aunque son pocos en comparación con la población heterosexual, no lo son en comparación con la población homo o bisexual.

Más razonable es la postura de Storms (1980), que los concibe como un continuo bidimensional y los clasifica como orientación sexual al mismo nivel que las tres clásicas. Como continuo que es, Storms clasifica junto con los asexuales a los sujetos de baja atracción sexual, del mismo modo que clasifica como heterosexuales a los sujetos de alta atracción heterosexual y baja homosexual. Estos sujetos de baja atracción sexual son llamados en la comunidad asexual “grises” porque se distribuyen en un continuo desde el gris claro al gris oscuro.

La continuidad de la orientación sexual en esta escala de grises es ya una buena razón para no excluir como orientación sexual uno de sus extremos, pero hay otra razón que es ser coherente con la Lógica moderna que, a pesar de su nombre, es más mucho más antigua que todos estos estudios. A diferencia de la Lógica aristotélica, la Lógica moderna puede predicar sobre el conjunto vacío, lo que permite evitar tener que hacer distinciones preliminares si alguno de los conjuntos sobre los que se predica es vacío o, lo que es peor, olvidarse de alguna de ellas y suponerlo no vacío, llegando a contradicción. Por ejemplo, según la Lógica aristotélica, de la proposición “Juan folla siempre con condón” se puede concluir “Juan folla algunas veces con condón”, lo cual es válido siempre que Juan folle. Predicar del conjunto vacío tiene, pues, evidentes ventajas prácticas. Esto, unido al argumento de continuidad antes desarrollado, hace que sea más conveniente tratar a la asexualidad como una orientación sexual más, modificando la definición para que donde dice “ambos” diga “ambos o ninguno”.

El último de los problemas que quiero señalar es la definición de la atracción sexual. Éste es el principal escollo para saber exactamente si uno es asexual o no, precisamente porque quien no la experimenta no puede apelar a su experiencia. Aunque es extensa la literatura que utiliza este concepto, ha resultado infructuosa mi búsqueda de una fuente que la defina, menos aún de una definición comúnmente aceptada. Así pues, dejaré el tema para otra entrada.

Bibliografía:

  • American Psychological Association, 2012. Respuestas a sus preguntas: para una mejor comprensión de la orientación sexual y la homosexualidad. Disponible en apa.org.
  • J. Michael Bailey, Paul L. Vasey, Lisa M. Diamond, S. Marc Breedlove, Eric Vilain, Marc Epprecht, 2016. Sexual Orientation, Controversy, and Science. Psychological Science in the Public Interest, vol. 17, nº 2, pp. 45-101. Disponible en SAGE journals.
  • Michael D. Storms, 1980. Theories of sexual orientation. Journal of Personality and Social Psychology, vol. 38, nº 5, pp. 783-792.
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