Sobre la (in)definición de atracción sexual

Como discutí en una entrada anterior, mi búsqueda de un definición comúnmente aceptada del concepto de atracción sexual resultó infructuosa, pues parece ser que nadie en la amplia literatura al respecto se molesta en definirlo, utilizando vagas nociones comunes en su lugar. Este concepto es clave para definir la orientación sexual y la asexualidad. Una autora que dedica unas palabras a esta indefinición es Diamond (2008, p. 126, trad. propia):

El problema de tratar de definir qué es la atracción sexual es que los investigadores saben muy poco acerca de cómo los individuos experimentan sentimientos sexuales. Aunque nos tomamos el trabajo de evaluar la frecuencia de la atracción homosexual frente a la heterosexual, el equilibrio relativa entre ambas, la edad a la que surgieron por primera vez, etcétera, rara vez nos paramos a preguntar qué quiere decir un encuestado en particular con la palabra “atracción” y qué tipo de pensamientos subjetivos y sentimientos van empaquetados en esta experiencia. En su lugar, asumimos que todos definen y experimentan la atracción sexual de la misma manera.

Cuando Diamond emprendió el trabajo de abordar esta cuestión en sus encuestas, se encontró con “un amplio rango de respuestas completamente incomparables unas con otras” (Diamond, 2008, p. 127, trad. propia). Ante este hecho, concluye Hinderliter (2009, trad. propia):

En la práctica, esto significa que asumir simplemente que todos los participantes entienden que la atracción sexual significa la misma cosa dé lugar probablemente a datos en los que no se pueda confiar, aunque este problema no se limita al estudio de la asexualidad.

Así pues, para intentar arrojar luz sobre el concepto de atracción sexual, acudiré al trabajo de dos autoras que lo han delimitado frente a otros conceptos similares: Fisher (1998) y Diamond (2003).

El trabajo de Fisher (1998) distingue tres conceptos. Al primero lo denomina lujuria, impulso sexual o libido y lo define como el deseo de gratificación sexual. Es un deseo inespecífico, no dirigido a ningún objeto sexual en particular. Al segundo concepto lo llama atracción y lo caracteriza por centrar las energías y la atención en un solo objeto (o unos pocos) como posible pareja sexual y/o romántica. Como mecanismos de la atracción, da una lista de 12 de los cuales uno es el deseo sexual por la persona objeto y los otros 11 bien podrían catalogarse como románticos. Al tercer y último concepto lo denomina apego y lo caracteriza por mantener el contacto entre sujeto y objeto, asociado a sentimientos de calma y unión emocional.

Por contra, el trabajo de Diamond (2003) distingue sólo dos conceptos. A uno de ellos lo denomina deseo sexual y lo define como “deseo, necesidad o impulso de buscar objetos sexuales e involucrarse en actividades sexuales”. Con esta definición, se parece bastante al primer concepto de Fisher, pero quizás sea un poco más amplio. Al otro concepto lo llama amor romántico, sentimientos afectivos o vinculación afectiva y lo define como “sentimientos de infatuación y apego emocional comúnmente asociados a las relaciones románticas”. Esta definición es un tanto vaga, pero parece agrupar los dos últimos conceptos de Fisher, excluyendo quizás la parte englobada en el “deseo sexual” de Diamond.

Diamond (2003) distingue dentro de la orientación sexual, como comúnmente se concibe, las componentes sexual y romántica. Esta primera componente orienta lo que Diamond llama “deseo sexual”, donde queda patente que es un concepto más amplio que el “impulso sexual” inespecífico de Fisher, pues incluye una vertiente de atracción hacia objetos sexuales concretos. Este solapamiento del “deseo sexual” de Diamond con la “atracción” de Fisher bien podría considerarse como el punto sobre “deseo sexual por la persona objeto” de los 12 mecanismos de la atracción según Fisher. De aquí que, combinando las categorías de ambas autoras, podamos distinguir cuatro conceptos: (1) el impulso sexual, (2) la componente sexual de la atracción, (3) la componente romántica de la atracción y (4) el apego. Visto así, Fisher agrupa (2+3) en la atracción, mientras que Diamond agrupa (1+2) en el “deseo sexual” y (3+4) en el “amor romántico”.

Comparación de Fisher (1998) y Diamond (2003)

Aunque sus conceptualizaciones son incompatibles, los trabajos de Fisher (1998) y Diamond (2003) son perfectamente compatibles, llegando a la cuádruple categorización descrita en el párrafo anterior. En ella podemos llamar “atracción sexual” a (2) y “atracción romántica” a (3), a falta de mejores definiciones. En una próxima entrada compararé los conceptos de Fisher, Diamond y su combinación con los usuales en la comunidad asexual.

Bibliografía:

  • Lisa M. Diamond, 2003. What does sexual orientation orient? A biobehavioral model distinguishing romantic love and sexual desire. Psychological Review, vol. 110, nº 1, pp. 173-192.
  • Lisa M. Diamond, 2008. Sexual Fluidity: Understanding Women’s Love and Desire. Harvard University Press.
  • Helen Fisher, 1998. Lust, Attraction, and Attachment in Mammalian Reproduction. Human Nature, vol. 9, nº 1, pp. 23-52.
  • Andrew C. Hinderliter, 2009. Methodological issues for studying asexuality [Letter to the Editor]. Archives of Sexual Behavior, vol. 38, nº 5, pp. 619-621.
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2 Responses to Sobre la (in)definición de atracción sexual

  1. Blue Ice-Tea dice:

    This article looks really interesting. Would you be able to do an English translation some time?

  2. Isaac dice:

    Thanks. I planned an English translation when the series is finished.

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