Conceptos relativos a la atracción sexual

26 septiembre 2017

En la anterior entrada discutí la indefinición de atracción sexual y di una definición tentativa de ella combinando los trabajos de Fisher (1998) y Diamond (2003). En esta entrada repasaré los conceptos allí definidos para compararlos con los usuales en la comunidad asexual.

Uno de los conceptos que distingue Fisher (1998) es lo que ella denomina lujuria, impulso sexual o libido y define como el deseo inespecífico de gratificación sexual no dirigido a ningún objeto sexual en particular. Aunque ella utiliza “lujuria” (lust) en los títulos, los nombres de “impulso sexual” (sex drive) y “libido” son más comunes en la comunidad asexual, con la misma definición que Fisher, aunque hay algunas corrientes que entienden “libido” con un sentido no exclusivamente sexual. Este impulso sexual es, pues, inespecífico como el hambre, a diferencia del apetito, que se suele comparar a la atracción sexual.

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Sobre la (in)definición de atracción sexual

19 septiembre 2017

Como discutí en una entrada anterior, mi búsqueda de un definición comúnmente aceptada del concepto de atracción sexual resultó infructuosa, pues parece ser que nadie en la amplia literatura al respecto se molesta en definirlo, utilizando vagas nociones comunes en su lugar. Este concepto es clave para definir la orientación sexual y la asexualidad. Una autora que dedica unas palabras a esta indefinición es Diamond (2008, p. 126, trad. propia):

El problema de tratar de definir qué es la atracción sexual es que los investigadores saben muy poco acerca de cómo los individuos experimentan sentimientos sexuales. Aunque nos tomamos el trabajo de evaluar la frecuencia de la atracción homosexual frente a la heterosexual, el equilibrio relativa entre ambas, la edad a la que surgieron por primera vez, etcétera, rara vez nos paramos a preguntar qué quiere decir un encuestado en particular con la palabra “atracción” y qué tipo de pensamientos subjetivos y sentimientos van empaquetados en esta experiencia. En su lugar, asumimos que todos definen y experimentan la atracción sexual de la misma manera.

Cuando Diamond emprendió el trabajo de abordar esta cuestión en sus encuestas, se encontró con “un amplio rango de respuestas completamente incomparables unas con otras” (Diamond, 2008, p. 127, trad. propia). Ante este hecho, concluye Hinderliter (2009, trad. propia):

En la práctica, esto significa que asumir simplemente que todos los participantes entienden que la atracción sexual significa la misma cosa dé lugar probablemente a datos en los que no se pueda confiar, aunque este problema no se limita al estudio de la asexualidad.

Así pues, para intentar arrojar luz sobre el concepto de atracción sexual, acudiré al trabajo de dos autoras que lo han delimitado frente a otros conceptos similares: Fisher (1998) y Diamond (2003).

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Sobre la definición de orientación sexual (Segunda parte)

14 septiembre 2017

En la anterior entrada discutí la siguiente definición de orientación sexual de la American Psychological Association (2012):

La orientación sexual se refiere a un patrón perdurable de atracciones emocionales, románticas y/o sexuales hacia hombres, mujeres o ambos sexos. La orientación sexual también se refiere al sentido de identidad de cada persona basada en dichas atracciones, las conductas relacionadas y la pertenencia a una comunidad de otros que comparten esas atracciones.

En esa entrada descartamos la coletilla que añade la identidad, la conducta y la comunidad, cosas claramente distintas, así como las atracciones emocional y romántica, que son independientes de la sexual, quedándonos con la definición de Bailey et al. (2016):

La orientación sexual se refiere a la atracción sexual relativa hacia varones, mujeres o ambos.

Esta definición es ya más concreta, suponiendo bien definida la atracción sexual, pero sigue presentando problemas. Por ejemplo, tal como está definida y aunque se suponga lo contrario, no todo el mundo tendría una orientación sexual. No sólo tenemos a la gente cuya atracción sexual está dirigida exclusivamente a objetos que la clasificarían como parafilia, sino que también está la gente que no experimenta atracción sexual, es decir, los asexuales. Se les puede dejar fuera de la escala, como hizo Kinsey, pero hay que considerarlos porque existen y, aunque son pocos en comparación con la población heterosexual, no lo son en comparación con la población homo o bisexual.

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Sobre la definición de orientación sexual (Primera parte)

9 septiembre 2017

En una entrada reciente traté sobre una controversia en torno a las causa de la orientación sexual. Una de las armas arrojadizas en dicha controversia era la definición de orientación sexual, que los críticos consideraban fijada por consenso por la American Psychological Association. Los autores de las revisiones (Mayer, McHugh, 2016; Bailey et al., 2016) no estaban tan de acuerdo por diferentes razones. Empecemos repasando la definición de orientación sexual de la American Psychological Association (2012):

La orientación sexual se refiere a un patrón perdurable de atracciones emocionales, románticas y/o sexuales hacia hombres, mujeres o ambos sexos. La orientación sexual también se refiere al sentido de identidad de cada persona basada en dichas atracciones, las conductas relacionadas y la pertenencia a una comunidad de otros que comparten esas atracciones.

Esta definición mezcla churras con merinas, como detallaré en esta entrada. En un primer análisis, mezcla la atracción, que desglosaré más adelante, con la identidad, la conducta y la comunidad, cosas claramente distintas y que pueden llevar a dar valores diferentes para la orientación según el que se tome.

La voluntad tiene como consecuencia que la atracción no lleve necesariamente al comportamiento y que el comportamiento no siempre está motivado por la atracción. La identidad es también voluntaria y puede contradecir la atracción o el comportamiento por diversas razones psicológicas o sociales. Incluso la pertenencia a una comunidad es independiente de la identidad, pues uno se puede identificar solamente a nivel personal y, por ejemplo, sentirse excluido de la comunidad correspondiente, o sentirse parte parte de la comunidad como aliado.

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Otros modelos bidimensionales

3 agosto 2015

Reanudo la serie Orientaciones Sexuales que dejé interrumpida hace 5 años. Recordamos la escala de Kinsey, que se discutió en Bisexualidad y el espectro y que, coloreada como un arcoíris, queda de la siguiente manera.
Escala de Kinsey coloreada como un arcoíris
Al espectro unidimensional que va de 0 a 6, se añade un punto aislado X de los asexuales. En Más allá del espectro bisexual discutimos el modelo de Storms, que separa las componentes heterosexual y homosexual, dando lugar a un cuadrado con las cuatro orientaciones sexuales cardinales: heterosexual, homosexual, bisexual y asexual. Pasando a coordenadas polares este modelo, podemos expresar la posición en el espectro por intensidad de la atracción (el módulo) y grado de Kinsey (el argumento), como viene representado en el siguiente gráfico.
El modelo de Storms en coordenadas polares
La diferencia entre ambos sistemas de coordenadas es la misma que los sistemas de regulación del agua caliente para la ducha. Los más sencillos, que tienen una llave diferente para al agua fría y para el agua caliente, serían como el modelo de Storms. Los más sofisticados, que tienen un regulador de la temperatura y una llave que regula el flujo, serían como las coordenadas polares, siendo el paralelismo entre la temperatura y la escala de Kinsey y entre el flujo de agua y la intensidad de la atracción. Obsérvese que cuando la llave del flujo está cerrada, da igual la posición del regulador de la temperatura.

Mientras en el ámbito académico surgió el modelo de Storms, en los foros de Internet nació el triángulo de AVEN. Este triángulo es equilátero con el vértice hacia abajo. Sobre el lado superior se situaba la escala de Kinsey, entendiendo que las paralelas a este lado eran también escalas de Kisney pero con intensidad decreciente según se baja, hasta llegar al vértice inferior, el punto X de Kinsey, donde la escala de Kinsey confluye porque faltando la atracción no hay diferencia. Este triángulo oscurece la región hiposexual, destacándola. El siguiente dibujo compara el triángulo de AVEN con los modelos anteriores.
Triángulo de AVEN

Para saber más sobre el origen del triángulo de AVEN, ver esta historia de la comunidad asexual (en inglés) que se encuentra en Asexual Explorations.


Sexo y género: discusión interlingüística

22 septiembre 2010

En un blog de esta temática se hace obligado tener que tratar la diferencia entre sexo y género. En principio pensábamos dedicarle una entrada, pero vista la extensión y variedad de los aspectos que se pueden tratar en este tema, haremos una serie, de la cual ésta es la primera entrada.

El origen de las palabras sexo y género es latino. Por su parte, sexo viene de sexus (4ª declinación) y sus análogos en otras lenguas europeas tienen una raíz sex- fácilmente reconocible, aunque el tema latino es sexu-, y de ahí sexual. Está formado a partir del verbo seco (1ª conjugación), que significa “cortar”. Esta raíz presenta muchas formas (segar, siega, secante, sección, sector, segmento, sexo…) y sex- es quizás la más difícil de reconocer. Fiel a su etimología, el sexo es, en su acepción original, una sección particular. El sexo es la condición que diferencia macho de hembra, y también son sexos el masculino y el femenino; ambas acepciones se corresponden a sección en sus dos acepciones básicas. La otras dos acepciones de sexo son claramente derivadas y seguramente eufemísticas en su origen. Yo diría que la acepción “genitales” es regional, pues nunca la he encontrado en mi entorno, sino en latitudes más bajas. La acepción “actividad sexual” es la que más encuentro últimamente, con peligro de desplazar a las demás.

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Más allá del espectro bisexual

20 septiembre 2010

Reanudamos la serie que quedó interrumpida con Bisexualidad y el espectro, donde se trató el espectro unidimensional que va desde la heterosexualidad hasta la homosexualidad, y su graduación con la escala de Kinsey, que va desde 0 (heterosexual) hasta 6 (homosexual). Esta escala se completa con un octavo grado X, letra con la que se suele etiquetar lo desconocido, desde los la incógnita en una ecuación a los rayos X. Para indicar la continuidad del espectro, podemos colorearlo como un arcoíris.
Escala de Kinsey coloreada como un arcoírisNo sólo el arcoíris indica claramente que se trata de un espectro, sino que es precisamente un arcoíris de seis colores el que se utiliza en la bandera LGBT, donde están incluidos los bisexuales. El grado X queda fuera del espectro y la entrada de hoy tratará de integrarlo en un modelo bidimensional más allá del espectro bisexual.

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