Heterogeneidad en la comunidad asexual

11 enero 2017

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Esta entrada es una colaboración para el carnaval de blogs, que este mes trata sobre diferentes formas de ser asexual. La he traducido del inglés, que es el idioma de este carnaval, por sugerencia de su anfitriona.

A pesar de no haber dos asexuales iguales, incluso dentro de cada subcategoría, todavía percibo una gran división entre románticos y arrománticos. Aunque la frontera entre ambos es borrosa, habiendo una amplia y diversa zona gris, todavía encuentro útil la distinción entre románticos y arrománticos. Mientras que la división entre asexual con y sin libido, la cual completa el modelo ABCD ahora obsoleto, tiene que ver con asuntos más privados, la división según la atracción romántica tiene que ver con cómo los asexuales se comportan socialmente, en especial respecto al emparejamiento. Tenemos que lidiar con presiones sociales muy diferentes. En mi primera quedada asexual, el anfitrión dijo en la presentación “supongo que todo tenéis experiencia sexual”, a lo que yo respondí “ni la tengo, ni me he visto presionado a tenerla”. La clave estaba en que yo era el único arromántico en la quedada y esto hacía mis experiencias acerca del sexo muy diferentes de las de los demás. Aunque hay quienes, siendo arrománticos e ignorándolo, sucumben a la presión por emparejarse y así tienen que soportar también la presión por practicar sexo, la mayoría de las experiencias que he oído de asexuales podrían clasificarse grosso modo como, bien felizmente solteros y célibes, bien en pareja y con problemas acerca del sexo. Cada grupo suele sentir una sola de las susodichas presiones sociales, con excepciones. Por ejemplo, algunos chicos felizmente solteros, ya aceptados como solteros empedernidos, sufren presión para echar un polvo.

Al contrario que la división discutida en el párrafo anterior, que puede reconocerse a partir de la historia de cada asexual, hay otro dato que debería proporcionarse para saber de dónde viene cada asexual y cómo les trata la sociedad: el sexo asignado al nacer. No me refiero a la identidad de género, que suele proporcionarse en el perfil de usuario, sino del sexo asignado al nacer, el que es socialmente reconocido, en especial por los más conservadores, salvo que vivan como su género preferido manteniendo en secreto su sexo. Mientras que la identidad de género es necesaria para tratar con respeto a los demás usuarios, el sexo al nacer es necesario para entender adecuadamente las reacciones sociales y poder aconsejar más acertadamente. Cuanto más conservadora sea la sociedad donde vive el asexual, más relevante será el sexo asignado al nacer. Yo soy un chico cis y así lo tengo puesto en mi perfil. Si fuera trans y no me sintiera identificado con mi sexo de nacimiento, consideraría alguna fórmula para hacerlo saber en mi perfil. Pero, aludiendo al tema del mes pasado, es una decisión de privacidad personal qué datos compartir en la red.

A pesar de su utilidad en las presentaciones, las categorías antes discutidas no son divisiones nítidas, pues Natura non facit saltus [la Naturaleza no hace saltos]. No debemos reemplazar un estereotipo homogéneo de la asexualidad por un conjunto discreto de ellos, pues incurriríamos en el mismo error a otro nivel. Quiero finalizar traduciendo una palabras del Informe Kinsey:

El mundo no se divide entre ovejas y cabras. No todo es blanco o negro. Es un fundamento de la taxonomía que la naturaleza raramente trata con categorías discretas. Sólo la mente humana inventa categorías y trata de forzar los hechos en nichos separados. El mundo vivo es un continuo en cada uno de sus aspectos. Cuanto antes aprendamos esto en relación al comportamiento sexual humano, antes llegaremos a un claro entendimiento de las realidades del sexo.

PD. Otra división, en este caso dentro de la comunidad arromántica, se discute en esta entrada de A Life Unexamined. A grandes rasgos, separa los arros dirigidos al emparejamiento o a la soltería. El estereotipo de arromántico que mencioné se correspondería con el de aquéllos dirigidos a la soltería. De todos modos, la conclusión de la autora es similar a la mía.

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Asocial: ¿la última frontera?

12 octubre 2014

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En la anterior entrada Atracción romántica, afectiva y platónica presenté las dos alternativas en uso para la atracción que orienta los squishes, arrobos o arrobamientos: “afectiva”, en uso por algunos activistas de la comunidad asexual hispana, y “platónica”, calco del inglés, ambas en conflicto con usos establecidos en la lengua española. En aquella entrada utilicé “afectiva” para esta atracción, pero en ésta, debido a los conflictos que genera, utilizaré “platónica”, advirtiendo desde aquí que este uso técnico del término excluye lo romántico.

En aquel post planteaba una reacción que ya se ha producido dos veces en la corta historia de la asexualidad y contra la cual deberíamos estar precavidos para evitar cometer una tercera. Me refiero a la negación de la asexualidad por parte de los (alo)sexuales quienes, no concibiendo que haya quien carezca de lo que ellos sienten, niegan que pueda existir la asexualidad aduciendo que la atracción sexual es universal y carecer de ella resultara en seres inhumanos incapaces de amar. En reacción a esto, los asexuales románticos enarbolan la bandera del amor sin sexo y responden cosas como “los asexuales también nos enamoramos”, invisibilizando y negando a los arrománticos. Más aún, olvidando la forma en que se les atacó, ahora defienden la universalidad del amor romántico e incluso afirman que carecer de él resultara en seres inhumanos incapaces de amar. En reacción a esta segunda negación, los asexuales arrománticos descubrieron el squish y reivindicaron las relaciones (queer)platónicas. Esto vuelve a sonar como los gritos invisibilizadores y negacionistas de los (alo)sexuales y los románticos, y no quisiera yo que estos descubrimientos tan útiles para nuestra vida emocional sean utilizados para la invisibilidad y la negación de los aplatónicos. Sí, he leído afirmaciones de universalidad del amor platónico, aunque todavía no he leído que carecer de él resultara en seres inhumanos incapaces de amar, y no quiero esperar a que esto ocurra.

Una de las razones en favor de la denominación “platónico” en lugar de “afectivo” es precisamente que “aplatónico” no lleva a pensar en alguien incapaz de amar, como sí puede llevar “anafectivo”. Éste es uno de los conflictos que genera esa otra elección, a los que me refería en el primer párrafo, y creo que es una razón suficiente para optar por “platónico”, como he hecho en este post. Sabemos que los aplatónicos existen y que sí son capaces de amar. Incluso los asexuales arrománticos aplatónicos presentan otros tipos de afecto (otra razón en favor de “platónico”) por otras personas: su familia, sus amigos no platónicos y sus conocidos cercanos. Dejando aparte el amor familiar, el afecto por este otro tipo de amigos bien podría llamarse social. No es acuñación mía, pues yo ya había leído “homosocial” antes, especialmente en el contexto de “heterosexual y homosocial”. Al igual que estamos condicionados socialmente hacia la heterosexualidad, también estamos condicionados socialmente hacia la homosocialidad, aunque creo que en los tiempos pasados más que en la actualidad.

A este afecto social se le correspondería la atracción social, que creo que sería lo que llamamos “caer bien”. Así, según la atracción social, una persona podría ser heterosocial, homosocial, bisocial (términos reconocidos en sociología) e incluso pansocial o, por qué no, asocial. Ahora bien, ¿hace justicia el término “asocial” a la gente carente de este afecto? Hemos roto una lanza en favor de los aplatónicos y no quisiéramos repetir el ciclo de opresión antes descrito, pero parece que el término “asocial” sí que coincide en el mismo concepto la acepción “sin atracción social” con la acepción clásica de asocial. ¿Se me está escapando algo? Una persona puede ser asexual, arromántica, aplatónica… y asocial; ¿es “asocial” la última frontera de la atracción humana? Al menos puedo decir que, siendo platónico, no soy parte interesada en fijar la frontera precisamente en la primera atracción que sí siento en esta excavación de atracciones: sexual, romántica, platónica y social, del mismo modo que hay (alo)sexuales que fijan la frontera en la atracción sexual y asexuales románticos que la fijan en la atracción romántica. Aunque no se me puede acusar de parcialidad, tampoco quiero presumir de objetividad, por lo que me gustaría recibir las impresiones de los lectores. Podéis escribirme bien comentando en esta entrada o bien, si preferís privacidad, por el formulario de contacto. Me gustaría recibir respuestas en especial de aplatónicos y de asociales.