Mi investigación favorita sobre asexualidad

11 agosto 2017

English version

Me alegro de enterarme de que el testigo de Asexual Explorations en compilar una bibliografía de investigación sobre asexualidad ha sido regido por Asexual Research en la plataforma Zotero [ver presentación]. De este modo he encontrado artículos recientes que vuelven sobre mi trabajo de investigación asexual favorito de todos los tiempos, Storms (1980). La razón por la que me gusta el artículo de Storms es por su modelo bidimensional de orientación sexual, que he descrito previamente en este blog [1, 2] y, en pocas palabras, considera las atracciones heterosexual y homosexual como ejes perpendicular, obteniendo cuetro regiones: heterosexualidad, homosexualidad, bisexualidad y asexualidad. Este modelo mejora la escala de Kinsey, considerando la asexualidad una orientación sexual completamente legítima, en lugar de un punto aislado fuera de la escala.

Estudios recientes que vuelven sobre el de Storms (Fernández, Quiroga, Rodríguez, 2006; Fernández, Quiroga, del Olmo, Buizza, Imbasciati, 2009; Fernández, Quiroga, Icaza, Escorial, 2012) discuten la dimensionalidad de la atracción sexual. Ellos rechazan formalmente las hipótesis de Storms de independencia de los ejes, pero basados en datos deficientes. Observando las muestras de estos estudios, hay muy pocos bisexuales, incluso tan pocos como asexuales, luego la correlación negativa es un fenómeno necesario en este caso. Storms tomó tres muestras por auto-identificación como heterosexual, homosexual o bisexual (ya que la categoría asexual aparecería como resultado del análisis) de cara a prevenir este fenómeno, luego su conclusión sigue siendo válida.

Pero no sólo estableció Storms (1980) la asexualidad como una orientación sexual, sino que también demostró la independencia entre la orientación sexual y los roles de género. Puedo creer que, en aquella época, la orientación sexual se confundiera con los roles de género incluso en el ámbito académico, pero 37 años más tarde parece que esta hipótesis de trabajo no ha desaparecido del imaginario popular. Peor aún, ya que los académicos de la época de Storms consideraban modelos bidimensional para el género, mientras que la gente que vincula gay con afeminado considera un modelo unidimensional de género a lo sumo. Ha vuelto sobre este tema por el mismo equipo que que lo hizo sobre la dimensionalidad de la orientación sexual (Fernández, Quiroga, del Olmo, 2006a, 2006b), confirmando la conclusión de Storms sobre la independencia de la orientación sexual y los roles de género.

Otro artículo relevante para la comunidad asexual, aunque no explícitamente sobre asexualidad, es Diamond (2003), que apoya el modelo de atracciones separadas distinguiendo entre atracciones sexual y romántica a nivel biológico. Según ella, estos dos tipos de atracción son mecanismos biológicos separados, pero que pueden afectarse mutuamente. La influencia de la atracción romántica sobre la atracción sexual es una base para explicar la demisexualidad. Diamond y Dickenson (2012) volvieron sobre este tema por medio de la neuroimagen, apoyando las conclusiones originales y, por tanto, el modelo de atracciones separadas.

Bibliografía:

  • Lisa M. Diamond, 2003. What does sexual orientation orient? A biobehavioral model distinguishing romantic love and sexual desire. Psychological Review, vol. 110, nº 1, pp. 173-192.
  • Lisa M. Diamond, Janna A. Dickenson, 2012. The neuroimaging of love and desire: Review and future directions. Clinical Neuropsychiatry, vol. 9, nº 1, pp. 39-46.
  • Juan Fernández, María Ángeles Quiroga, Vanessa J. Icaza, Sergio Escorial, 2012. Dimensionality and transcultural specificity of the Sexual Attraction Questionnaire (SAQ). The Spanish Journal of Psychology, vol. 15, nº 1, pp. 323-333.
  • Juan Fernández, María Ángeles Quiroga, Isabel del Olmo, 2006a. Is sexual attraction independent of the instrumental and expressive traits? The Spanish Journal of Psychology, vol. 9, nº 2, pp. 162-170.
  • Juan Fernández, María Ángeles Quiroga, Isabel del Olmo, 2006b. Is there any relationship between sexual attraction and gender typology? The Spanish Journal of Psychology, vol. 9, nº 1, pp. 3-9.
  • Juan Fernández, María Ángeles Quiroga, Isabel del Olmo, Chiara Buizza, Antonio Imbasciati, 2009. Temporal stability and cross-national consistency of the dimensional structure of the Sexual Attraction Questionnaire (SAQ). The Spanish Journal of Psychology, vol. 12, nº 12, pp. 725-736.
  • Juan Fernández, María Ángeles Quiroga, Antonio Rodríguez, 2006. Dimensionalidad de la atracción sexual. Psicothema, vol. 18, nº 3, pp. 392-399.
  • Michael D. Storms, 1980. Theories of sexual orientation. Journal of Personality and Social Psychology, vol. 38, nº 5, pp. 783-792.

Asocial: ¿la última frontera?

12 octubre 2014

English version

En la anterior entrada Atracción romántica, afectiva y platónica presenté las dos alternativas en uso para la atracción que orienta los squishes, arrobos o arrobamientos: “afectiva”, en uso por algunos activistas de la comunidad asexual hispana, y “platónica”, calco del inglés, ambas en conflicto con usos establecidos en la lengua española. En aquella entrada utilicé “afectiva” para esta atracción, pero en ésta, debido a los conflictos que genera, utilizaré “platónica”, advirtiendo desde aquí que este uso técnico del término excluye lo romántico.

En aquel post planteaba una reacción que ya se ha producido dos veces en la corta historia de la asexualidad y contra la cual deberíamos estar precavidos para evitar cometer una tercera. Me refiero a la negación de la asexualidad por parte de los (alo)sexuales quienes, no concibiendo que haya quien carezca de lo que ellos sienten, niegan que pueda existir la asexualidad aduciendo que la atracción sexual es universal y carecer de ella resultara en seres inhumanos incapaces de amar. En reacción a esto, los asexuales románticos enarbolan la bandera del amor sin sexo y responden cosas como “los asexuales también nos enamoramos”, invisibilizando y negando a los arrománticos. Más aún, olvidando la forma en que se les atacó, ahora defienden la universalidad del amor romántico e incluso afirman que carecer de él resultara en seres inhumanos incapaces de amar. En reacción a esta segunda negación, los asexuales arrománticos descubrieron el squish y reivindicaron las relaciones (queer)platónicas. Esto vuelve a sonar como los gritos invisibilizadores y negacionistas de los (alo)sexuales y los románticos, y no quisiera yo que estos descubrimientos tan útiles para nuestra vida emocional sean utilizados para la invisibilidad y la negación de los aplatónicos. Sí, he leído afirmaciones de universalidad del amor platónico, aunque todavía no he leído que carecer de él resultara en seres inhumanos incapaces de amar, y no quiero esperar a que esto ocurra.

Una de las razones en favor de la denominación “platónico” en lugar de “afectivo” es precisamente que “aplatónico” no lleva a pensar en alguien incapaz de amar, como sí puede llevar “anafectivo”. Éste es uno de los conflictos que genera esa otra elección, a los que me refería en el primer párrafo, y creo que es una razón suficiente para optar por “platónico”, como he hecho en este post. Sabemos que los aplatónicos existen y que sí son capaces de amar. Incluso los asexuales arrománticos aplatónicos presentan otros tipos de afecto (otra razón en favor de “platónico”) por otras personas: su familia, sus amigos no platónicos y sus conocidos cercanos. Dejando aparte el amor familiar, el afecto por este otro tipo de amigos bien podría llamarse social. No es acuñación mía, pues yo ya había leído “homosocial” antes, especialmente en el contexto de “heterosexual y homosocial”. Al igual que estamos condicionados socialmente hacia la heterosexualidad, también estamos condicionados socialmente hacia la homosocialidad, aunque creo que en los tiempos pasados más que en la actualidad.

A este afecto social se le correspondería la atracción social, que creo que sería lo que llamamos “caer bien”. Así, según la atracción social, una persona podría ser heterosocial, homosocial, bisocial (términos reconocidos en sociología) e incluso pansocial o, por qué no, asocial. Ahora bien, ¿hace justicia el término “asocial” a la gente carente de este afecto? Hemos roto una lanza en favor de los aplatónicos y no quisiéramos repetir el ciclo de opresión antes descrito, pero parece que el término “asocial” sí que coincide en el mismo concepto la acepción “sin atracción social” con la acepción clásica de asocial. ¿Se me está escapando algo? Una persona puede ser asexual, arromántica, aplatónica… y asocial; ¿es “asocial” la última frontera de la atracción humana? Al menos puedo decir que, siendo platónico, no soy parte interesada en fijar la frontera precisamente en la primera atracción que sí siento en esta excavación de atracciones: sexual, romántica, platónica y social, del mismo modo que hay (alo)sexuales que fijan la frontera en la atracción sexual y asexuales románticos que la fijan en la atracción romántica. Aunque no se me puede acusar de parcialidad, tampoco quiero presumir de objetividad, por lo que me gustaría recibir las impresiones de los lectores. Podéis escribirme bien comentando en esta entrada o bien, si preferís privacidad, por el formulario de contacto. Me gustaría recibir respuestas en especial de aplatónicos y de asociales.