Tipos de atracción: una analogía desde la fonología

10 agosto 2015

Esta entrada continúa la discusión y la terminología de Asocial: ¿la última frontera?, que repaso a continuación. En primer lugar tenemos la atracción romántica, entendida como separada de la atracción sexual. Después tenemos la atracción platónica, la que busca la amistad más estrecha, y luego la atracción social. En aquella entrada nos planteamos la cuestión de si hay atracción más allá de la social. Hoy discutiremos lo que hay entremedias.

A cada uno de estos tipos de atracción se corresponde un tipo de relación. Para la atracción platónica, la que más polémica ha dado respecto a su denominación, en inglés han acuñado los términos squish para las casos y objetos de la atracción y zucchini para el compañero en esta relación. En español se ha escogido arrobo o arrobamiento para los casos de atracción platónica, pero no parece que haya necesidad de un término para la relación, salvo amigo con calificativos. El problema está en que el campo semántico de la amistad incluye tanto lo platónico como lo social. Esta entrada tratará sobre la relación entre la tricotomía clásica pareja-amigo-conocido y la distinción más fina romántico-platónico-social-conocido, utilizando como fuente de analogía la fonología del castellano y el catalán.

Vocales tónicas de castellano y del catalán

Vocales tónicas de castellano y del catalán

El catalán tiene 7 vocales tónicas (à, è, é, í, ò, ó, ú) frente a las 5 del castellano (A, E, I, O, U). Mientras que en catalán hay diferencia semántica entre è y é, a oídos castellanos ambas suenan E, y las diferenciamos recurriendo a adjetivos (abierta y cerrada). Lo mismo pasa con ò y ó, que nos suenan O, aunque me voy a centrar en la E. En el espectro entre la A y la I, el castellano fija 3 vocales (A, E, I), mientras que el catalán fija 4 (à, è, é, í), con las consecuentes diferencias que eso tiene a la hora de clasificar una vocal en ese espectro.

Pues lo mismo creo que ocurre con la diferencia entre pareja y amistad y entre amistad y conocidos. Según entiendo yo, para la discusión precisa resulta más útil fijar 4 puntos en ese espectro (à=romántico, è=platónico, é=social, í=conocido) en lugar de sólo 3 (A=pareja, E=amigo, I=conocido), aunque quien tiene el oído hecho al concepto de amistad (frente a pareja y a conocidos) encontrará los mismos problemas que el hispanohablante que escucha en catalán la è y la é. En particular, en caso de tener que diferenciar dos realidades distintas, utilizará una de sus clasificaciones nativas (como amistad) y le añadirá adjetivos (como estrecha).

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Asocial: ¿la última frontera?

12 octubre 2014

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En la anterior entrada Atracción romántica, afectiva y platónica presenté las dos alternativas en uso para la atracción que orienta los squishes, arrobos o arrobamientos: “afectiva”, en uso por algunos activistas de la comunidad asexual hispana, y “platónica”, calco del inglés, ambas en conflicto con usos establecidos en la lengua española. En aquella entrada utilicé “afectiva” para esta atracción, pero en ésta, debido a los conflictos que genera, utilizaré “platónica”, advirtiendo desde aquí que este uso técnico del término excluye lo romántico.

En aquel post planteaba una reacción que ya se ha producido dos veces en la corta historia de la asexualidad y contra la cual deberíamos estar precavidos para evitar cometer una tercera. Me refiero a la negación de la asexualidad por parte de los (alo)sexuales quienes, no concibiendo que haya quien carezca de lo que ellos sienten, niegan que pueda existir la asexualidad aduciendo que la atracción sexual es universal y carecer de ella resultara en seres inhumanos incapaces de amar. En reacción a esto, los asexuales románticos enarbolan la bandera del amor sin sexo y responden cosas como “los asexuales también nos enamoramos”, invisibilizando y negando a los arrománticos. Más aún, olvidando la forma en que se les atacó, ahora defienden la universalidad del amor romántico e incluso afirman que carecer de él resultara en seres inhumanos incapaces de amar. En reacción a esta segunda negación, los asexuales arrománticos descubrieron el squish y reivindicaron las relaciones (queer)platónicas. Esto vuelve a sonar como los gritos invisibilizadores y negacionistas de los (alo)sexuales y los románticos, y no quisiera yo que estos descubrimientos tan útiles para nuestra vida emocional sean utilizados para la invisibilidad y la negación de los aplatónicos. Sí, he leído afirmaciones de universalidad del amor platónico, aunque todavía no he leído que carecer de él resultara en seres inhumanos incapaces de amar, y no quiero esperar a que esto ocurra.

Una de las razones en favor de la denominación “platónico” en lugar de “afectivo” es precisamente que “aplatónico” no lleva a pensar en alguien incapaz de amar, como sí puede llevar “anafectivo”. Éste es uno de los conflictos que genera esa otra elección, a los que me refería en el primer párrafo, y creo que es una razón suficiente para optar por “platónico”, como he hecho en este post. Sabemos que los aplatónicos existen y que sí son capaces de amar. Incluso los asexuales arrománticos aplatónicos presentan otros tipos de afecto (otra razón en favor de “platónico”) por otras personas: su familia, sus amigos no platónicos y sus conocidos cercanos. Dejando aparte el amor familiar, el afecto por este otro tipo de amigos bien podría llamarse social. No es acuñación mía, pues yo ya había leído “homosocial” antes, especialmente en el contexto de “heterosexual y homosocial”. Al igual que estamos condicionados socialmente hacia la heterosexualidad, también estamos condicionados socialmente hacia la homosocialidad, aunque creo que en los tiempos pasados más que en la actualidad.

A este afecto social se le correspondería la atracción social, que creo que sería lo que llamamos “caer bien”. Así, según la atracción social, una persona podría ser heterosocial, homosocial, bisocial (términos reconocidos en sociología) e incluso pansocial o, por qué no, asocial. Ahora bien, ¿hace justicia el término “asocial” a la gente carente de este afecto? Hemos roto una lanza en favor de los aplatónicos y no quisiéramos repetir el ciclo de opresión antes descrito, pero parece que el término “asocial” sí que coincide en el mismo concepto la acepción “sin atracción social” con la acepción clásica de asocial. ¿Se me está escapando algo? Una persona puede ser asexual, arromántica, aplatónica… y asocial; ¿es “asocial” la última frontera de la atracción humana? Al menos puedo decir que, siendo platónico, no soy parte interesada en fijar la frontera precisamente en la primera atracción que sí siento en esta excavación de atracciones: sexual, romántica, platónica y social, del mismo modo que hay (alo)sexuales que fijan la frontera en la atracción sexual y asexuales románticos que la fijan en la atracción romántica. Aunque no se me puede acusar de parcialidad, tampoco quiero presumir de objetividad, por lo que me gustaría recibir las impresiones de los lectores. Podéis escribirme bien comentando en esta entrada o bien, si preferís privacidad, por el formulario de contacto. Me gustaría recibir respuestas en especial de aplatónicos y de asociales.