El cuadrado de Storms como un modelo para la educación

11 julio 2017

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En su propio nombre, AVEN tiene dos objetivos: visibilidad y educación. Aunque está entrelazados, este mes nos fijaremos en la educación. Todo esfuerzo de visibilidad educa enseñando a la gente que la asexualidad existe, pero quizá no en profundidad, y todo esfuerzo de educación visibiliza su objetivo, aunque quizá no de la forma más efectiva. Por supuesto, no es lo mismo tratar de educar a la población general, a la gente LGBT o a sus aliados. Uno puede profundizar más con las dos últimas poblaciones a causa del conocimiento compartido. Nótese que todavía hay gente que sólo es capaz de representarse un modelo binario hetero/gay o, if si llegan a concebir un espectro, es el espectro de mariconismo, que empieza por hetero, sigue por cis-gay y termina con trans, mezclando churras con merinas.

Como cualquier lector de mi blog puede haberse figurado al leer esta y esta enteradas, yo soy fan del cuadrado de Storms, y lo encuentro adecuado para la educación a varios niveles. En el más sencillo de ellos, muestra cómo la asexualidad es el la pieza que falta en el puzzle de la orientación, previniendo la respuesta “y cuántas orientaciones más?”. De este modo, podemos representarnos las cuatro orientaciones cardinales: heterosexualidad, homosexualidad, bisexualidad y asexualidad. Esta imagen, aparte de encuadrar la asexualidad como una orientación sexual, también previene las confusiones habituales con la antisexualidad o la abstinencia.

Un paso más allá de la lectura cuaternaria del cuadrado de Storms, uno puede introducir el área gris, incluyendo la demisexualidad, but con la advertencia de que las cuatro orientaciones cardinales vienen antes y que un demisexual aún tiene una orientación sexual para su atracción sexual. Yo lo compararía con el género gramatical en castellano. Hay dos géneros gramaticales en castellano estándar, masculino y femenino, junto con un neutro vestigial, pero luego existen cierto fenómenos en relación al género, como el género común, el género ambiguo o el género epiceno. Estos fenómenos no son género, y requieren de los dos géneros cardinales para su explicación. Por ejemplo, una palabra no puede tener epiceno por su género, sino que será masculina o femenina. Una palabra epicena femenina como “persona” es una palabra femenina, y su género epiceno significa que su género femenino tiene preferencia sobre el género de su referente. Del mismo modo, un demisexual hetero es heterosexual; su demisexualidad explica cómo funciona su atracción, no adónde está orientada.

Finalmente, el cuadrado de Storms es un modelo científico, publicado en 1980, lo que lo hace válido también para educar a profesionales. Otra ventaja del modelo de Storms es que es puede reproducir para la atracción romántica, dejando claro que las orientaciones sexual y romántica son esencialmente diferentes, aunque usualmente estén alineadas. Creo que es positivo introducir el modelo de atracciones separadas tan pronto como se trata con la atracción romántica de cara a evitar mitos como identificar asexualidad y arromanticismo o, peor, pensar que la atracción romántica es universal. Con el mismo cuadrado se puede explorar más lejos, no sólo la orientación romántica, sino también la platónica y la social.

El cuadrado de Storms no el la panacea, ya que ignora los género no binarios, pero es un gran modelo para educación en varios niveles.