Sobre la definición de orientación sexual (Segunda parte)

14 septiembre 2017

En la anterior entrada discutí la siguiente definición de orientación sexual de la American Psychological Association (2012):

La orientación sexual se refiere a un patrón perdurable de atracciones emocionales, románticas y/o sexuales hacia hombres, mujeres o ambos sexos. La orientación sexual también se refiere al sentido de identidad de cada persona basada en dichas atracciones, las conductas relacionadas y la pertenencia a una comunidad de otros que comparten esas atracciones.

En esa entrada descartamos la coletilla que añade la identidad, la conducta y la comunidad, cosas claramente distintas, así como las atracciones emocional y romántica, que son independientes de la sexual, quedándonos con la definición de Bailey et al. (2016):

La orientación sexual se refiere a la atracción sexual relativa hacia varones, mujeres o ambos.

Esta definición es ya más concreta, suponiendo bien definida la atracción sexual, pero sigue presentando problemas. Por ejemplo, tal como está definida y aunque se suponga lo contrario, no todo el mundo tendría una orientación sexual. No sólo tenemos a la gente cuya atracción sexual está dirigida exclusivamente a objetos que la clasificarían como parafilia, sino que también está la gente que no experimenta atracción sexual, es decir, los asexuales. Se les puede dejar fuera de la escala, como hizo Kinsey, pero hay que considerarlos porque existen y, aunque son pocos en comparación con la población heterosexual, no lo son en comparación con la población homo o bisexual.

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Otros modelos bidimensionales

3 agosto 2015

Reanudo la serie Orientaciones Sexuales que dejé interrumpida hace 5 años. Recordamos la escala de Kinsey, que se discutió en Bisexualidad y el espectro y que, coloreada como un arcoíris, queda de la siguiente manera.
Escala de Kinsey coloreada como un arcoíris
Al espectro unidimensional que va de 0 a 6, se añade un punto aislado X de los asexuales. En Más allá del espectro bisexual discutimos el modelo de Storms, que separa las componentes heterosexual y homosexual, dando lugar a un cuadrado con las cuatro orientaciones sexuales cardinales: heterosexual, homosexual, bisexual y asexual. Pasando a coordenadas polares este modelo, podemos expresar la posición en el espectro por intensidad de la atracción (el módulo) y grado de Kinsey (el argumento), como viene representado en el siguiente gráfico.
El modelo de Storms en coordenadas polares
La diferencia entre ambos sistemas de coordenadas es la misma que los sistemas de regulación del agua caliente para la ducha. Los más sencillos, que tienen una llave diferente para al agua fría y para el agua caliente, serían como el modelo de Storms. Los más sofisticados, que tienen un regulador de la temperatura y una llave que regula el flujo, serían como las coordenadas polares, siendo el paralelismo entre la temperatura y la escala de Kinsey y entre el flujo de agua y la intensidad de la atracción. Obsérvese que cuando la llave del flujo está cerrada, da igual la posición del regulador de la temperatura.

Mientras en el ámbito académico surgió el modelo de Storms, en los foros de Internet nació el triángulo de AVEN. Este triángulo es equilátero con el vértice hacia abajo. Sobre el lado superior se situaba la escala de Kinsey, entendiendo que las paralelas a este lado eran también escalas de Kisney pero con intensidad decreciente según se baja, hasta llegar al vértice inferior, el punto X de Kinsey, donde la escala de Kinsey confluye porque faltando la atracción no hay diferencia. Este triángulo oscurece la región hiposexual, destacándola. El siguiente dibujo compara el triángulo de AVEN con los modelos anteriores.
Triángulo de AVEN

Para saber más sobre el origen del triángulo de AVEN, ver esta historia de la comunidad asexual (en inglés) que se encuentra en Asexual Explorations.


Más allá del espectro bisexual

20 septiembre 2010

Reanudamos la serie que quedó interrumpida con Bisexualidad y el espectro, donde se trató el espectro unidimensional que va desde la heterosexualidad hasta la homosexualidad, y su graduación con la escala de Kinsey, que va desde 0 (heterosexual) hasta 6 (homosexual). Esta escala se completa con un octavo grado X, letra con la que se suele etiquetar lo desconocido, desde los la incógnita en una ecuación a los rayos X. Para indicar la continuidad del espectro, podemos colorearlo como un arcoíris.
Escala de Kinsey coloreada como un arcoírisNo sólo el arcoíris indica claramente que se trata de un espectro, sino que es precisamente un arcoíris de seis colores el que se utiliza en la bandera LGBT, donde están incluidos los bisexuales. El grado X queda fuera del espectro y la entrada de hoy tratará de integrarlo en un modelo bidimensional más allá del espectro bisexual.

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Bisexualidad y el espectro

12 abril 2009

Este artículo es el cuarto de una serie de crítica a las los prejuicios de las diversas orientaciones sexuales. He tenido bastante abandonado este blog, pero me propongo finalizar la serie. Después de haber tratado de la heterosexualidad y de la homosexualidad, vamos a considerar la bisexualidad.

Si la homosexualidad llevaba el aura de alternativa a la heterosexualidad, con su dicotomía implícita, la bisexualidad también parece (entre quienes la reconocen) agotar la diversidad. En términos de dialéctica, la heterosexualidad es la tesis, la homosexualidad la antítesis, y la bisexualidad la síntesis. Desde Kinsey se concive la bisexualidad como un espectro en uno de cuyos extremos estaría la heterosexualidad y en el otro la homosexualidad. [Kinsey scale] Esta imagen de completitud hace olvidar que la bisexualidad no agota la variedad de la sexualidad humana.

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