Sobre la definición de orientación sexual (Segunda parte)

14 septiembre 2017

En la anterior entrada discutí la siguiente definición de orientación sexual de la American Psychological Association (2012):

La orientación sexual se refiere a un patrón perdurable de atracciones emocionales, románticas y/o sexuales hacia hombres, mujeres o ambos sexos. La orientación sexual también se refiere al sentido de identidad de cada persona basada en dichas atracciones, las conductas relacionadas y la pertenencia a una comunidad de otros que comparten esas atracciones.

En esa entrada descartamos la coletilla que añade la identidad, la conducta y la comunidad, cosas claramente distintas, así como las atracciones emocional y romántica, que son independientes de la sexual, quedándonos con la definición de Bailey et al. (2016):

La orientación sexual se refiere a la atracción sexual relativa hacia varones, mujeres o ambos.

Esta definición es ya más concreta, suponiendo bien definida la atracción sexual, pero sigue presentando problemas. Por ejemplo, tal como está definida y aunque se suponga lo contrario, no todo el mundo tendría una orientación sexual. No sólo tenemos a la gente cuya atracción sexual está dirigida exclusivamente a objetos que la clasificarían como parafilia, sino que también está la gente que no experimenta atracción sexual, es decir, los asexuales. Se les puede dejar fuera de la escala, como hizo Kinsey, pero hay que considerarlos porque existen y, aunque son pocos en comparación con la población heterosexual, no lo son en comparación con la población homo o bisexual.

Lee el resto de esta entrada »

Anuncios

Mi investigación favorita sobre asexualidad

11 agosto 2017

English version

Me alegro de enterarme de que el testigo de Asexual Explorations en compilar una bibliografía de investigación sobre asexualidad ha sido regido por Asexual Research en la plataforma Zotero [ver presentación]. De este modo he encontrado artículos recientes que vuelven sobre mi trabajo de investigación asexual favorito de todos los tiempos, Storms (1980). La razón por la que me gusta el artículo de Storms es por su modelo bidimensional de orientación sexual, que he descrito previamente en este blog [1, 2] y, en pocas palabras, considera las atracciones heterosexual y homosexual como ejes perpendicular, obteniendo cuetro regiones: heterosexualidad, homosexualidad, bisexualidad y asexualidad. Este modelo mejora la escala de Kinsey, considerando la asexualidad una orientación sexual completamente legítima, en lugar de un punto aislado fuera de la escala.

Lee el resto de esta entrada »


El cuadrado de Storms como un modelo para la educación

11 julio 2017

English version

En su propio nombre, AVEN tiene dos objetivos: visibilidad y educación. Aunque está entrelazados, este mes nos fijaremos en la educación. Todo esfuerzo de visibilidad educa enseñando a la gente que la asexualidad existe, pero quizá no en profundidad, y todo esfuerzo de educación visibiliza su objetivo, aunque quizá no de la forma más efectiva. Por supuesto, no es lo mismo tratar de educar a la población general, a la gente LGBT o a sus aliados. Uno puede profundizar más con las dos últimas poblaciones a causa del conocimiento compartido. Nótese que todavía hay gente que sólo es capaz de representarse un modelo binario hetero/gay o, if si llegan a concebir un espectro, es el espectro de mariconismo, que empieza por hetero, sigue por cis-gay y termina con trans, mezclando churras con merinas.

Como cualquier lector de mi blog puede haberse figurado al leer esta y esta enteradas, yo soy fan del cuadrado de Storms, y lo encuentro adecuado para la educación a varios niveles. En el más sencillo de ellos, muestra cómo la asexualidad es el la pieza que falta en el puzzle de la orientación, previniendo la respuesta “y cuántas orientaciones más?”. De este modo, podemos representarnos las cuatro orientaciones cardinales: heterosexualidad, homosexualidad, bisexualidad y asexualidad. Esta imagen, aparte de encuadrar la asexualidad como una orientación sexual, también previene las confusiones habituales con la antisexualidad o la abstinencia.

Un paso más allá de la lectura cuaternaria del cuadrado de Storms, uno puede introducir el área gris, incluyendo la demisexualidad, but con la advertencia de que las cuatro orientaciones cardinales vienen antes y que un demisexual aún tiene una orientación sexual para su atracción sexual. Yo lo compararía con el género gramatical en castellano. Hay dos géneros gramaticales en castellano estándar, masculino y femenino, junto con un neutro vestigial, pero luego existen cierto fenómenos en relación al género, como el género común, el género ambiguo o el género epiceno. Estos fenómenos no son género, y requieren de los dos géneros cardinales para su explicación. Por ejemplo, una palabra no puede tener epiceno por su género, sino que será masculina o femenina. Una palabra epicena femenina como “persona” es una palabra femenina, y su género epiceno significa que su género femenino tiene preferencia sobre el género de su referente. Del mismo modo, un demisexual hetero es heterosexual; su demisexualidad explica cómo funciona su atracción, no adónde está orientada.

Finalmente, el cuadrado de Storms es un modelo científico, publicado en 1980, lo que lo hace válido también para educar a profesionales. Otra ventaja del modelo de Storms es que es puede reproducir para la atracción romántica, dejando claro que las orientaciones sexual y romántica son esencialmente diferentes, aunque usualmente estén alineadas. Creo que es positivo introducir el modelo de atracciones separadas tan pronto como se trata con la atracción romántica de cara a evitar mitos como identificar asexualidad y arromanticismo o, peor, pensar que la atracción romántica es universal. Con el mismo cuadrado se puede explorar más lejos, no sólo la orientación romántica, sino también la platónica y la social.

El cuadrado de Storms no el la panacea, ya que ignora los género no binarios, pero es un gran modelo para educación en varios niveles.


Algunos binarismos persistentes

12 marzo 2017

El sexo binario tiene repercusión incluso allí donde se han dado pasos para romper el binarismo. El primer ejemplo a considerar es el propio sexo, tradicionalmente dividido en machos y hembras, sistema binario al que tardíamente se ha añadido los intersexuales, una categoría que no pasa de ser un cajón de sastre donde colocar a todo aquél que no tiene cabida en la categorías tradicionales. En este sentido hilaban más fino los romanos, pues el Código de Justiniano distinguía, aparte de varones y mujeres, a eunucos y hermafroditas (Wacke, 1990). Sé que es grande la tentación de hacer una analogía con los modelos bidimensionales descritos en la entrada Bidimensional models for asexuality and gender identity, interpretando cada una de estas categorías como un cuadrante en un modelo bidimensional, pero lo que sí que es cierto es que en el Código de Justiniano se conciben estas categorías como continuas, disponiendo en varios de sus artículos que los hermafroditas sean tratados según el sexo cuyas características predominen. En una manera de hacerles encajar en el binarismo, pero sin negar su existencia, como harán legislaciones posteriores.

El siguiente binarismo que me gustaría discutir es el de la orientación sexual. La clásica dicotomía entre heterosexuales y homosexuales supone tres binarismos: de sexo del sujeto, de sexo del objeto y de la propia orientación en sí. El reconocimiento de la bisexualidad sólo viene a romper el tercero de estos binarismos. El concepto de pansexualidad, al ser independiente del sexo del sujeto y del objeto, sí rompe los tres binarismos, pero no todo el mundo es pansexual ni todos los pansexuales se identifican con esta etiqueta. Algunos prefieren la etiqueta bisexual, generalizando su significado más allá de los binarismos. La mayoría monosexual prefiere las etiquetas heterosexual y homosexual u otras igual de binarias. Estas etiquetas presuponen un sexo binario y bien definido tanto en el sujeto como en el objeto, diferenciándose en si éstos son iguales u opuestos. Por eso no es de extrañar que algunas personas se identifiquen más como androsexuales o ginosexuales, independientemente del sexo del sujeto, suponiendo sólo binario el sexo del objeto. Incluso los modelos bidimensionales de atracción sexual (Storms, 1980) presuponen, precisamente en su bidimensionalidad, el binarismo en el sexo del objeto. Rompemos un binarismo o dos pero seguimos atrapados en otro, pues salir de él complicaría demasiado los modelos.

Por último, quería discutir el binarismo de identidad de género. Si bien la distinción cis/trans rompe con el binarismo de sexo, desligando el género del sexo, mantiene tres binarismos similares a los expuestos para la orientacións sexual. Así, se supone binarios el sexo, el género y las posibilidades de identidad de género. De este modo, se supone que una persona sólo puede ser macho o hembra e identificarse como hombre o mujer, siendo cis o trans según si la identidad de género coincide con el sexo o son opuestas. Los modelos bidimensionales de identidad de género descritos en Bidimensional models for asexuality and gender identity, que Storms (1980) utilizó como inspiración de su modelo de orientación sexual, rompen uno de los binarismos citados, aunque no está claro cuál. Se puede interpretar el género como una paleta bidimensional, rompiendo su binarismo, en la cual cada persona toma su identidad de género. Este modelo, aunque a priori los excluye, se puede arreglar para incluir a las personas bigénero o de género fluido, pero no distingue la intensidad de la identificación con el género. Otra interpretación supone binario el género pero permite identificarse independientemente con cada uno con diversa identidad, lo que da lugar también a un modelo bidimensional. En ninguna de las dos interpretaciones queda claro qué es cis y qué es trans cuando la identidad de género es no binaria. A la vista de la analogía con el párrafo anterior, sería tanto como preguntar a un bisexual o un asexual si es hetero u homo.

He dejado deliberadamente otras cuestiones más complejas para otra entrada. Ésta es mi pequeña contribución al tema. Dejo como sugerencia de lectura Non-binary people who aren’t trans.

Referencias:
Michael D. Storms, 1980. Theories of Sexual Orientation. Journal of Personality and Social Psychology, vol. 38, nº 5, pp. 783-792.
Andreas Wacke, 1990. Del hermafroditismo a la transexualidad. Anuario de derecho civil, vol. 43, nº 3, pp. 677-712. Recuperado de boe.es.


Otros modelos bidimensionales

3 agosto 2015

Reanudo la serie Orientaciones Sexuales que dejé interrumpida hace 5 años. Recordamos la escala de Kinsey, que se discutió en Bisexualidad y el espectro y que, coloreada como un arcoíris, queda de la siguiente manera.
Escala de Kinsey coloreada como un arcoíris
Al espectro unidimensional que va de 0 a 6, se añade un punto aislado X de los asexuales. En Más allá del espectro bisexual discutimos el modelo de Storms, que separa las componentes heterosexual y homosexual, dando lugar a un cuadrado con las cuatro orientaciones sexuales cardinales: heterosexual, homosexual, bisexual y asexual. Pasando a coordenadas polares este modelo, podemos expresar la posición en el espectro por intensidad de la atracción (el módulo) y grado de Kinsey (el argumento), como viene representado en el siguiente gráfico.
El modelo de Storms en coordenadas polares
La diferencia entre ambos sistemas de coordenadas es la misma que los sistemas de regulación del agua caliente para la ducha. Los más sencillos, que tienen una llave diferente para al agua fría y para el agua caliente, serían como el modelo de Storms. Los más sofisticados, que tienen un regulador de la temperatura y una llave que regula el flujo, serían como las coordenadas polares, siendo el paralelismo entre la temperatura y la escala de Kinsey y entre el flujo de agua y la intensidad de la atracción. Obsérvese que cuando la llave del flujo está cerrada, da igual la posición del regulador de la temperatura.

Mientras en el ámbito académico surgió el modelo de Storms, en los foros de Internet nació el triángulo de AVEN. Este triángulo es equilátero con el vértice hacia abajo. Sobre el lado superior se situaba la escala de Kinsey, entendiendo que las paralelas a este lado eran también escalas de Kisney pero con intensidad decreciente según se baja, hasta llegar al vértice inferior, el punto X de Kinsey, donde la escala de Kinsey confluye porque faltando la atracción no hay diferencia. Este triángulo oscurece la región hiposexual, destacándola. El siguiente dibujo compara el triángulo de AVEN con los modelos anteriores.
Triángulo de AVEN

Para saber más sobre el origen del triángulo de AVEN, ver esta historia de la comunidad asexual (en inglés) que se encuentra en Asexual Explorations.


Asexual =/= asexuado

22 septiembre 2014

Tenía esta entrada en borrador desde hace 4 años, pero la entrada Assexuado ou assexual? de la comunidad asexual lusófona me ha hecho retomarla con nuevos datos. Antes había observado que, si bien en inglés se utiliza sólo “asexual”, en portugués incluso los asexuales (al menos brasileños) utilizan también “assexuado”, pero en castellano “asexuado” no es sinónimo de “asexual”. En castellano asexuado significa “carente de sexo” (DRAE) o “de diferenciación sexual” (Moliner). Se puede utilizar para referirse a una especie que no diferencia sexos en sus individuos o a un individuo de una especie sexuada que no se ha desarrollado como ninguno de los sexos de su especie. Por ejemplo, un embrión humano es asexuado, y lo continúa siendo el feto hasta el comienzo de la diferenciación sexual. En esta acepción, asexuado completaría un cuadrado de Storms para el sexo junto con macho, hembra y hermafrodita. Lee el resto de esta entrada »


Más allá del espectro bisexual

20 septiembre 2010

Reanudamos la serie que quedó interrumpida con Bisexualidad y el espectro, donde se trató el espectro unidimensional que va desde la heterosexualidad hasta la homosexualidad, y su graduación con la escala de Kinsey, que va desde 0 (heterosexual) hasta 6 (homosexual). Esta escala se completa con un octavo grado X, letra con la que se suele etiquetar lo desconocido, desde los la incógnita en una ecuación a los rayos X. Para indicar la continuidad del espectro, podemos colorearlo como un arcoíris.
Escala de Kinsey coloreada como un arcoírisNo sólo el arcoíris indica claramente que se trata de un espectro, sino que es precisamente un arcoíris de seis colores el que se utiliza en la bandera LGBT, donde están incluidos los bisexuales. El grado X queda fuera del espectro y la entrada de hoy tratará de integrarlo en un modelo bidimensional más allá del espectro bisexual.

Lee el resto de esta entrada »