Sobre la (in)definición de atracción sexual

19 septiembre 2017

Como discutí en una entrada anterior, mi búsqueda de un definición comúnmente aceptada del concepto de atracción sexual resultó infructuosa, pues parece ser que nadie en la amplia literatura al respecto se molesta en definirlo, utilizando vagas nociones comunes en su lugar. Este concepto es clave para definir la orientación sexual y la asexualidad. Una autora que dedica unas palabras a esta indefinición es Diamond (2008, p. 126, trad. propia):

El problema de tratar de definir qué es la atracción sexual es que los investigadores saben muy poco acerca de cómo los individuos experimentan sentimientos sexuales. Aunque nos tomamos el trabajo de evaluar la frecuencia de la atracción homosexual frente a la heterosexual, el equilibrio relativa entre ambas, la edad a la que surgieron por primera vez, etcétera, rara vez nos paramos a preguntar qué quiere decir un encuestado en particular con la palabra “atracción” y qué tipo de pensamientos subjetivos y sentimientos van empaquetados en esta experiencia. En su lugar, asumimos que todos definen y experimentan la atracción sexual de la misma manera.

Cuando Diamond emprendió el trabajo de abordar esta cuestión en sus encuestas, se encontró con “un amplio rango de respuestas completamente incomparables unas con otras” (Diamond, 2008, p. 127, trad. propia). Ante este hecho, concluye Hinderliter (2009, trad. propia):

En la práctica, esto significa que asumir simplemente que todos los participantes entienden que la atracción sexual significa la misma cosa dé lugar probablemente a datos en los que no se pueda confiar, aunque este problema no se limita al estudio de la asexualidad.

Así pues, para intentar arrojar luz sobre el concepto de atracción sexual, acudiré al trabajo de dos autoras que lo han delimitado frente a otros conceptos similares: Fisher (1998) y Diamond (2003).

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Sobre la definición de orientación sexual (Primera parte)

9 septiembre 2017

En una entrada reciente traté sobre una controversia en torno a las causa de la orientación sexual. Una de las armas arrojadizas en dicha controversia era la definición de orientación sexual, que los críticos consideraban fijada por consenso por la American Psychological Association. Los autores de las revisiones (Mayer, McHugh, 2016; Bailey et al., 2016) no estaban tan de acuerdo por diferentes razones. Empecemos repasando la definición de orientación sexual de la American Psychological Association (2012):

La orientación sexual se refiere a un patrón perdurable de atracciones emocionales, románticas y/o sexuales hacia hombres, mujeres o ambos sexos. La orientación sexual también se refiere al sentido de identidad de cada persona basada en dichas atracciones, las conductas relacionadas y la pertenencia a una comunidad de otros que comparten esas atracciones.

Esta definición mezcla churras con merinas, como detallaré en esta entrada. En un primer análisis, mezcla la atracción, que desglosaré más adelante, con la identidad, la conducta y la comunidad, cosas claramente distintas y que pueden llevar a dar valores diferentes para la orientación según el que se tome.

La voluntad tiene como consecuencia que la atracción no lleve necesariamente al comportamiento y que el comportamiento no siempre está motivado por la atracción. La identidad es también voluntaria y puede contradecir la atracción o el comportamiento por diversas razones psicológicas o sociales. Incluso la pertenencia a una comunidad es independiente de la identidad, pues uno se puede identificar solamente a nivel personal y, por ejemplo, sentirse excluido de la comunidad correspondiente, o sentirse parte parte de la comunidad como aliado.

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Controversia en torno a la orientación sexual

5 septiembre 2017

Recientemente, el Lector de WordPress me sugirió la entrada 500 estudios científicos (Aramo, 2016) como relacionada con Mi investigación favorita sobre asexualidad. No debe de hilar muy fino el algoritmo que busca las sugerencias, porque sólo la primera frase de esa entrada ya indica que hay disparidad con mi blog: “Una revisión sobre 500 estudios científicos refuta todos los postulados de la ideología de género.” Se refiere a la revisión de Mayer y McHugh (2016) y afirma alegremente que refuta “todos los postulados” de la supuesta y mal definida “ideología de género”. El segundo párrafo vuelve a la carga con que “las conclusiones del estudio son demoledoras para la ideología de género” porque, sigue Aramo (2016), “no hay pruebas científicas de una base biológica de la homosexualidad ni de su invariabilidad, tampoco las hay de que el estrés social (por discriminación o estigmatización) sea la causa principal de que la población homosexual y transgénero tenga un mayor riesgo de problemas de salud mental e índices de suicidio”. Sin despeinarse, Aramo (2016) ya sustituye la refutación por la falta de pruebas, que es lo que en realidad afirman Mayer y McHugh (2016), pero que ya no destruye los postulados de ninguna ideología, real o supuesta. Aparte de falsear descaramente los resultados de Mayer y McHugh (2016), confundiendo deliberadamente refutación con falta de pruebas, está utilizando la falacia ad ignorantiam.

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Atracción romántica, afectiva y platónica

30 septiembre 2014

Aunque tenga reparos por la denominación “romántico”, sobre los que quizás escriba otro día, creo que esta terminología está bien establecida en la comunidad asexual. Algunas personas fuera de la comunidad asexual, en especial la denominada educación afectivo-sexual, llaman “orientación afectiva” a la orientación romántica, como hacen algunos lusófonos. Esto no sería mayor problema si la denominación “afectivo” no se utilizara con otros fines, pero es que tiene otros significados que pueden dar lugar a confusión. Por ejemplo, en psiquiatría son trastornos afectivos los relacionados con la depresión. Pero el problema llega al haber sido “afectivo” el término escogido por los activistas de la comunidad asexual hispana para describir lo que en inglés se denomina “platonic”.

La denominación “platónico” es complicada y no se ciñe tampoco a lo descrito en el Banquete de Platón. En castellano “amor platónico” viene a ser lo que en inglés sería “sexless love” y se correspondería a una relación o enamoramiento asexual clásico, es decir, romántico. En inglés “platonic” significa “ni sexual ni romántico”, por lo que podríamos considerarlo un falso amigo como término técnico. Dicho sea de paso, la ortografía del inglés permite distinguir “romantic” y “platonic” de “Romantic” y “Platonic”, cosa que no se puede en castellano y da lugar a una de mis reticencias a esta terminología.

Para este tipo de atracción arromántica llamada “platonic” en inglés, los activistas de la comunidad asexual hispana han escogido la denominación “afectiva”, y para los squishes (“atracción afectiva intensa”) han escogido arrobo o arrobamiento. Como se describe en el post Orientaciones afectivas, la idea de una orientación afectiva es controvertida, pudiendo concebirse como una orientación subyacente a la orientación arromántica, igual que se consideraba inicialmente la orientación romántica como una orientación subyacente a la orientación sexual, asumiendo su universalidad.

Creo que precisamente los arrománticos afectivos debemos evitar esta idea, la universalidad de la atracción afectiva, para no repetir la historia que negaba nuestra existencia, por mucho que nos alegre descubrir y comprender nuestra afectividad. Por suerte, los activistas consultados asumen la posibilidad de existencia de los anafectivos del mismo que se existen los asexuales y los arrománticos. Googleando “anafectivo” sólo se encuentra con el significado psicológico, lo que es de esperar para una acepción recién acuñada, pero googleando “aplatonic” se encuentra el Twitter Aplatonic Agenda, cuya descripción dice “I want to get out of the friendzone” y define “aplatonic” como “someone who does not experience platonic attraction”, donde se encuentran tweets como éste: “we all have that one friend-” ha ha nope. No sólo el administrador de este twitter es anafectivo, sino que en el foro arromántico Aroplane se encuentra el hilo Squishes: Yes or No, and How?, donde un usuario se define como “unsquishy” y varios otros dicen no experimentar squishes.

Otro mito sobre la atracción afectiva es que ésta no debe entender de sexo o género porque sería sexista, haciendo a todo el mundo panafectivo (salvo a los anafectivos, si es que los considera). Comparando nuevamente con la orientación romántica, es como la objeción que ponen algunos desinformados de que la atracción romántica no debería distinguir sexo ni género porque no busca la unión sexual. Nuevamente en Aroplane encontramos el hilo Squishes and Gender Preferences, donde varios usuarios declaran tener squishes exclusiva o mayoritariamente por un solo sexo. Así vemos que el arrobamiento, al igual que la atracción romántica, sí puede entender de sexo.

En conclusión, me parece que los conceptos de atracción afectiva y orientación afectiva son necesarios e importantes no sólo para la comunidad arromántica, aunque tenga reservas con los términos elegidos, porque ahora, mientras todavía tenemos libertad de elegir un término u otro, deberíamos evitar crear conflictos y confusiones como entre “asexual” y “asexuado”.