Algunos binarismos persistentes

12 marzo 2017

El sexo binario tiene repercusión incluso allí donde se han dado pasos para romper el binarismo. El primer ejemplo a considerar es el propio sexo, tradicionalmente dividido en machos y hembras, sistema binario al que tardíamente se ha añadido los intersexuales, una categoría que no pasa de ser un cajón de sastre donde colocar a todo aquél que no tiene cabida en la categorías tradicionales. En este sentido hilaban más fino los romanos, pues el Código de Justiniano distinguía, aparte de varones y mujeres, a eunucos y hermafroditas (Wacke, 1990). Sé que es grande la tentación de hacer una analogía con los modelos bidimensionales descritos en la entrada Bidimensional models for asexuality and gender identity, interpretando cada una de estas categorías como un cuadrante en un modelo bidimensional, pero lo que sí que es cierto es que en el Código de Justiniano se conciben estas categorías como continuas, disponiendo en varios de sus artículos que los hermafroditas sean tratados según el sexo cuyas características predominen. En una manera de hacerles encajar en el binarismo, pero sin negar su existencia, como harán legislaciones posteriores.

El siguiente binarismo que me gustaría discutir es el de la orientación sexual. La clásica dicotomía entre heterosexuales y homosexuales supone tres binarismos: de sexo del sujeto, de sexo del objeto y de la propia orientación en sí. El reconocimiento de la bisexualidad sólo viene a romper el tercero de estos binarismos. El concepto de pansexualidad, al ser independiente del sexo del sujeto y del objeto, sí rompe los tres binarismos, pero no todo el mundo es pansexual ni todos los pansexuales se identifican con esta etiqueta. Algunos prefieren la etiqueta bisexual, generalizando su significado más allá de los binarismos. La mayoría monosexual prefiere las etiquetas heterosexual y homosexual u otras igual de binarias. Estas etiquetas presuponen un sexo binario y bien definido tanto en el sujeto como en el objeto, diferenciándose en si éstos son iguales u opuestos. Por eso no es de extrañar que algunas personas se identifiquen más como androsexuales o ginosexuales, independientemente del sexo del sujeto, suponiendo sólo binario el sexo del objeto. Incluso los modelos bidimensionales de atracción sexual (Storms, 1980) presuponen, precisamente en su bidimensionalidad, el binarismo en el sexo del objeto. Rompemos un binarismo o dos pero seguimos atrapados en otro, pues salir de él complicaría demasiado los modelos.

Por último, quería discutir el binarismo de identidad de género. Si bien la distinción cis/trans rompe con el binarismo de sexo, desligando el género del sexo, mantiene tres binarismos similares a los expuestos para la orientacións sexual. Así, se supone binarios el sexo, el género y las posibilidades de identidad de género. De este modo, se supone que una persona sólo puede ser macho o hembra e identificarse como hombre o mujer, siendo cis o trans según si la identidad de género coincide con el sexo o son opuestas. Los modelos bidimensionales de identidad de género descritos en Bidimensional models for asexuality and gender identity, que Storms (1980) utilizó como inspiración de su modelo de orientación sexual, rompen uno de los binarismos citados, aunque no está claro cuál. Se puede interpretar el género como una paleta bidimensional, rompiendo su binarismo, en la cual cada persona toma su identidad de género. Este modelo, aunque a priori los excluye, se puede arreglar para incluir a las personas bigénero o de género fluido, pero no distingue la intensidad de la identificación con el género. Otra interpretación supone binario el género pero permite identificarse independientemente con cada uno con diversa identidad, lo que da lugar también a un modelo bidimensional. En ninguna de las dos interpretaciones queda claro qué es cis y qué es trans cuando la identidad de género es no binaria. A la vista de la analogía con el párrafo anterior, sería tanto como preguntar a un bisexual o un asexual si es hetero u homo.

He dejado deliberadamente otras cuestiones más complejas para otra entrada. Ésta es mi pequeña contribución al tema. Dejo como sugerencia de lectura Non-binary people who aren’t trans.

Referencias:
Michael D. Storms, 1980. Theories of Sexual Orientation. Journal of Personality and Social Psychology, vol. 38, nº 5, pp. 783-792.
Andreas Wacke, 1990. Del hermafroditismo a la transexualidad. Anuario de derecho civil, vol. 43, nº 3, pp. 677-712. Recuperado de boe.es.


Heterogeneidad en la comunidad asexual

11 enero 2017

English version

Esta entrada es una colaboración para el carnaval de blogs, que este mes trata sobre diferentes formas de ser asexual. La he traducido del inglés, que es el idioma de este carnaval, por sugerencia de su anfitriona.

A pesar de no haber dos asexuales iguales, incluso dentro de cada subcategoría, todavía percibo una gran división entre románticos y arrománticos. Aunque la frontera entre ambos es borrosa, habiendo una amplia y diversa zona gris, todavía encuentro útil la distinción entre románticos y arrománticos. Mientras que la división entre asexual con y sin libido, la cual completa el modelo ABCD ahora obsoleto, tiene que ver con asuntos más privados, la división según la atracción romántica tiene que ver con cómo los asexuales se comportan socialmente, en especial respecto al emparejamiento. Tenemos que lidiar con presiones sociales muy diferentes. En mi primera quedada asexual, el anfitrión dijo en la presentación “supongo que todo tenéis experiencia sexual”, a lo que yo respondí “ni la tengo, ni me he visto presionado a tenerla”. La clave estaba en que yo era el único arromántico en la quedada y esto hacía mis experiencias acerca del sexo muy diferentes de las de los demás. Aunque hay quienes, siendo arrománticos e ignorándolo, sucumben a la presión por emparejarse y así tienen que soportar también la presión por practicar sexo, la mayoría de las experiencias que he oído de asexuales podrían clasificarse grosso modo como, bien felizmente solteros y célibes, bien en pareja y con problemas acerca del sexo. Cada grupo suele sentir una sola de las susodichas presiones sociales, con excepciones. Por ejemplo, algunos chicos felizmente solteros, ya aceptados como solteros empedernidos, sufren presión para echar un polvo.

Al contrario que la división discutida en el párrafo anterior, que puede reconocerse a partir de la historia de cada asexual, hay otro dato que debería proporcionarse para saber de dónde viene cada asexual y cómo les trata la sociedad: el sexo asignado al nacer. No me refiero a la identidad de género, que suele proporcionarse en el perfil de usuario, sino del sexo asignado al nacer, el que es socialmente reconocido, en especial por los más conservadores, salvo que vivan como su género preferido manteniendo en secreto su sexo. Mientras que la identidad de género es necesaria para tratar con respeto a los demás usuarios, el sexo al nacer es necesario para entender adecuadamente las reacciones sociales y poder aconsejar más acertadamente. Cuanto más conservadora sea la sociedad donde vive el asexual, más relevante será el sexo asignado al nacer. Yo soy un chico cis y así lo tengo puesto en mi perfil. Si fuera trans y no me sintiera identificado con mi sexo de nacimiento, consideraría alguna fórmula para hacerlo saber en mi perfil. Pero, aludiendo al tema del mes pasado, es una decisión de privacidad personal qué datos compartir en la red.

A pesar de su utilidad en las presentaciones, las categorías antes discutidas no son divisiones nítidas, pues Natura non facit saltus [la Naturaleza no hace saltos]. No debemos reemplazar un estereotipo homogéneo de la asexualidad por un conjunto discreto de ellos, pues incurriríamos en el mismo error a otro nivel. Quiero finalizar traduciendo una palabras del Informe Kinsey:

El mundo no se divide entre ovejas y cabras. No todo es blanco o negro. Es un fundamento de la taxonomía que la naturaleza raramente trata con categorías discretas. Sólo la mente humana inventa categorías y trata de forzar los hechos en nichos separados. El mundo vivo es un continuo en cada uno de sus aspectos. Cuanto antes aprendamos esto en relación al comportamiento sexual humano, antes llegaremos a un claro entendimiento de las realidades del sexo.

PD. Otra división, en este caso dentro de la comunidad arromántica, se discute en esta entrada de A Life Unexamined. A grandes rasgos, separa los arros dirigidos al emparejamiento o a la soltería. El estereotipo de arromántico que mencioné se correspondería con el de aquéllos dirigidos a la soltería. De todos modos, la conclusión de la autora es similar a la mía.


Heterogeneity in the asexual community

6 enero 2017

Esta entrada es una colaboración para el carnaval de blogs, que este mes trata sobre diferentes formas de ser asexual. Escribo en inglés porque es el idioma de este carnaval, pero hay una traducción aquí.

Despite not being two similar asexuals, even within subcategories, I still notice a great divide between romantics and aromantics. Although the border between both is blurred, existing a wide and diverse grey zone, I still find useful the distinction between romantics and aromantics. Whilst the divide between asexual with and without libido, which completed the now-obsolete ABCD model, deals with more private issues, the divide about romantic attraction has to do with the way the asexuals behave socially, especially about pairing off. We deal with very different societal pressures. In my first asexual meet-up, the host said in the introduction “I assume you all have sexual experience,” to which I replied “No, I don’t, and I’ve never felt pressured into it.” The point was that I was the only aromantic at the meet-up, and this made my experiences around sex very different to others’. Although there are people who, being aromantic in ignorance, succumbed to the pressure to pair off and so had to bear the pressure to have sex too, most experiences I’ve heard from asexuals could be roughly classified as, either happily single and celibate, or with couple issues around sex. Each group use to feel only one of the two aforesaid societal pressures, with exceptions. For instance, some happily single guys, once accepted as confirmed bachelors, feel pressure to get laid.

Contrary to the divide discussed in the previous paragraph, which can be recognized from the asexual’s story, there is another piece of information that should be provided in order to know where the asexual comes from and how society treat them: the so-called sex assigned at birth. I don’t mean the gender identity, which is stated in the user’s profile, but the sex assigned at birth, the socially recognized, especially by the most conservative ones, unless they go stealth. Whilst gender identity is necessary for politely addressing the other users, the sex assigned at birth is necessary for properly understanding the societal reactions and giving better advice. The more conservative the society where the asexual lives, the more relevant their sex-at-birth is. I am a cis guy, thus I state so in my profile. If I were trans and felt mislabeled by my sex-at-birth, I would consider using a formula in my profile that let other users know. But, recalling the previous month’s topic, it’s a matter of personal privacy to decide what data to share online.

Despite, their usefulness at introductions, the aforesaid categories are not clear cut, since Natura non facit saltus [Nature doesn’t make jumps]. We should not replace a homogeneous stereotype of asexuality with a discrete set of them, since it would be the same mistake at another level. I want to end with some words from Kinsey Report:

The world is not to be divided into sheep and goats. Not all things are black nor all things white. It is a fundamental of taxonomy that nature rarely deals with discrete categories. Only the human mind invents categories and tries to force facts into separated pigeon-holes. The living world is a continuum in each and every one of its aspects. The sooner we learn this concerning human sexual behavior, the sooner we shall reach a sound understanding of the realities of sex.

PS. Another divide, in this case inside the romantic community, is discussed in this post at A Life Unexamined. Roughly speaking, it divides between aros driven to couplehood or driven to singlehood. The stereotype of aromantics I mentioned would correspond to those driven to singlehood. Anyway, its author’s conclusion is similar to mine.


Naming and discovering new categories

31 agosto 2016

Esta entrada es una colaboración para el carnaval de blogs. Escribo en inglés porque es el idioma de este carnaval.

When I first came across the asexual community and read the descriptions of the terms it used, I didn’t identify with it initially, though these distinctions made a lot of sense to me. Despite the definition of the word “asexual” was a bit undefined that time because of the vagueness of “sexual attraction,” I considered really necessary to separate sex drive, sexual attraction and romantic attraction. Because of the lack of a good definition of “sexual attraction,” I considered myself hetero-hyposexual, but I immediately felt that the word “aromatic” described myself, so I wrote in my AVEN description “strongly aromantic.” Through discussion of the concept of “sexual attraction,” I finally recognized I had always been asexual, but I didn’t feel as identified as when I learnt of aromanticism. But the best word I found in the asexual community for describing myself was “squish.”

My reference for the definition of squish has always been the blog post Squish! by Trix. I had experienced squishes before, but I misidentified them heteronormatively as crushes if they were on girls and irrelevant if they were on boys. In the terminology of an older post, lacking the platonic category, I misclassified the girl squishes as romantic and the boy squishes as social. I think they would have been better classified as social, but amatonormativity made me consider some of them actual crushes. But they were platonic, and the word “squish” opened my eyes to a new category where I could recast many relevant feelings of my life. The platonic category has simplified the understanding of my feelings since I was aware of it, and the word “squish” has allowed an accurate communication with other members of the asexual community about my feelings.

The word “squish” was a breaking point of my policy about translation of asexuality terms between English and Spanish. Initially I kept a dictionary so that I could speak of asexuality in both languages, but I couldn’t find a word for “squish,” and the Spanish word “platónico” is quite different from the English word “platonic.” Anyway, the platonic category was so useful that we needed to use it in Spanish regardless the denomination. Some years later, some Spanish-speaking aromantic activists proposed terms for this category, like “arrobo” or “arrobamiento” for “squish” and “afectivo” for “platonic”, but the years when I had to use the English ones made hard for me to adapt to the new ones, especially “afectivo” because of it’s prone to confusion.

Other people may live happily unaware of the platonic category, but for me it was lacking words for one of our senses. If we identify the platonic feelings with hearing and romantic feelings with sight, my previous life was lacking terms for the sounds, being blind in a visual society. When I heard music, I thought I had to be seeing something. Realizing I was blind and that sound was a sensible reality, I could enjoy the music for itself.


Kinds of attraction: an analogy from phonology

28 agosto 2015

Versión en español

This post is a translation of the relevant parts of Tipos de atracción una analogía desde la fonología (in Spanish).

This post continues the discussion and the terminology of Asocial: the final frontier?, which I now review. First, we have romantic attraction, understood as separate from sexual attraction. Second, we have platonic attraction, and then the social attraction. In that post we considered the question of whether there is attraction further than the social one. Today we shall discuss what there is in between.

With each of these kinds of attraction there is a corresponding kind of relationship. For platonic attraction, the community coined the terms squish for the instances and objects of the attraction and zucchini for the partner in this relationship, though many people deem the latter unnecessary, having friend with adjectives. The issue is that friendship includes both the platonic and the social meanings. This post will deal with the relation between the classic trichotomy partner-friend-acquaintance and the finer distinction romantic-platonic-social-acquaintance, using as a source of analogy the phonology of Spanish and Catalan (a language spoken in Eastern regions of Spain, in bilingualism with Spanish).

Stressed vowels of Spanish and Catalan

Stressed vowels of Spanish and Catalan

Catalan language has 7 stressed vowels (à, è, é, í, ò, ó, ú) compared to the 5 ones of Spanish language (A, E, I, O, U). While in Catalan there is semantic difference between è and é, to the Spanish ear both sound like E, resorting to adjective (like open and closed) in order to distinguish them. The same happens with ò and ó, which sound like O to the Spanish ear, though I will focus on the E. In the spectrum between the A and the I, Spanish language sets 3 vowels (A, E, I), while Catalan language sets 4 (à, è, é, í), with the consequent differences it has for classifying a vowel in this spectrum.

Well, I think the same happens with the difference between couple and friendship and between friendship and acquaintanceship. As far as I know, for the precise discussion it is more useful to set 4 points in this spectrum (à=romantic, è=platonic, é=social, í=acquaintance) instead of only 3 (A=couple, E=friend, I=acquaintance), though a person whose ear is used to the the concept of friendship (opposite to couple and to acquaintanceship) will find the same kind of problems as the Spanish speaker that hears in Catalan è and é. Especially, in case of need to distinguish two different concepts, they will use one of their native categories (like friendship) qualified by an adjective (like close).


Tipos de atracción: una analogía desde la fonología

10 agosto 2015

Esta entrada continúa la discusión y la terminología de Asocial: ¿la última frontera?, que repaso a continuación. En primer lugar tenemos la atracción romántica, entendida como separada de la atracción sexual. Después tenemos la atracción platónica, la que busca la amistad más estrecha, y luego la atracción social. En aquella entrada nos planteamos la cuestión de si hay atracción más allá de la social. Hoy discutiremos lo que hay entremedias.

A cada uno de estos tipos de atracción se corresponde un tipo de relación. Para la atracción platónica, la que más polémica ha dado respecto a su denominación, en inglés han acuñado los términos squish para las casos y objetos de la atracción y zucchini para el compañero en esta relación. En español se ha escogido arrobo o arrobamiento para los casos de atracción platónica, pero no parece que haya necesidad de un término para la relación, salvo amigo con calificativos. El problema está en que el campo semántico de la amistad incluye tanto lo platónico como lo social. Esta entrada tratará sobre la relación entre la tricotomía clásica pareja-amigo-conocido y la distinción más fina romántico-platónico-social-conocido, utilizando como fuente de analogía la fonología del castellano y el catalán.

Vocales tónicas de castellano y del catalán

Vocales tónicas de castellano y del catalán

El catalán tiene 7 vocales tónicas (à, è, é, í, ò, ó, ú) frente a las 5 del castellano (A, E, I, O, U). Mientras que en catalán hay diferencia semántica entre è y é, a oídos castellanos ambas suenan E, y las diferenciamos recurriendo a adjetivos (abierta y cerrada). Lo mismo pasa con ò y ó, que nos suenan O, aunque me voy a centrar en la E. En el espectro entre la A y la I, el castellano fija 3 vocales (A, E, I), mientras que el catalán fija 4 (à, è, é, í), con las consecuentes diferencias que eso tiene a la hora de clasificar una vocal en ese espectro.

Pues lo mismo creo que ocurre con la diferencia entre pareja y amistad y entre amistad y conocidos. Según entiendo yo, para la discusión precisa resulta más útil fijar 4 puntos en ese espectro (à=romántico, è=platónico, é=social, í=conocido) en lugar de sólo 3 (A=pareja, E=amigo, I=conocido), aunque quien tiene el oído hecho al concepto de amistad (frente a pareja y a conocidos) encontrará los mismos problemas que el hispanohablante que escucha en catalán la è y la é. En particular, en caso de tener que diferenciar dos realidades distintas, utilizará una de sus clasificaciones nativas (como amistad) y le añadirá adjetivos (como estrecha).


Otros modelos bidimensionales

3 agosto 2015

Reanudo la serie Orientaciones Sexuales que dejé interrumpida hace 5 años. Recordamos la escala de Kinsey, que se discutió en Bisexualidad y el espectro y que, coloreada como un arcoíris, queda de la siguiente manera.
Escala de Kinsey coloreada como un arcoíris
Al espectro unidimensional que va de 0 a 6, se añade un punto aislado X de los asexuales. En Más allá del espectro bisexual discutimos el modelo de Storms, que separa las componentes heterosexual y homosexual, dando lugar a un cuadrado con las cuatro orientaciones sexuales cardinales: heterosexual, homosexual, bisexual y asexual. Pasando a coordenadas polares este modelo, podemos expresar la posición en el espectro por intensidad de la atracción (el módulo) y grado de Kinsey (el argumento), como viene representado en el siguiente gráfico.
El modelo de Storms en coordenadas polares
La diferencia entre ambos sistemas de coordenadas es la misma que los sistemas de regulación del agua caliente para la ducha. Los más sencillos, que tienen una llave diferente para al agua fría y para el agua caliente, serían como el modelo de Storms. Los más sofisticados, que tienen un regulador de la temperatura y una llave que regula el flujo, serían como las coordenadas polares, siendo el paralelismo entre la temperatura y la escala de Kinsey y entre el flujo de agua y la intensidad de la atracción. Obsérvese que cuando la llave del flujo está cerrada, da igual la posición del regulador de la temperatura.

Mientras en el ámbito académico surgió el modelo de Storms, en los foros de Internet nació el triángulo de AVEN. Este triángulo es equilátero con el vértice hacia abajo. Sobre el lado superior se situaba la escala de Kinsey, entendiendo que las paralelas a este lado eran también escalas de Kisney pero con intensidad decreciente según se baja, hasta llegar al vértice inferior, el punto X de Kinsey, donde la escala de Kinsey confluye porque faltando la atracción no hay diferencia. Este triángulo oscurece la región hiposexual, destacándola. El siguiente dibujo compara el triángulo de AVEN con los modelos anteriores.
Triángulo de AVEN

Para saber más sobre el origen del triángulo de AVEN, ver esta historia de la comunidad asexual (en inglés) que se encuentra en Asexual Explorations.